El legado de Loja, entre mitos y leyendas

Cafetería La Llorona se ubica en la entrada de la ciudad y, la sucursal, en la plaza de San Francisco.

A lo largo de la historia de Loja, los mitos y leyendas han perdurado como elementos distintivos, transmitiéndose como herencia. Aunque la veracidad de muchos de estos relatos sigue siendo incierta, la realidad es que han sido legados de nuestros ancestros, y en la actualidad, algunos educadores los comparten con sus alumnos.

Entre las numerosas narrativas existentes, figuran relatos como “La apuesta con el diablo”, “Devuélveme a mis tripas”, “Una cita en el cementerio”, “El carro del diablo”, “El camino de los ahorcados”, “La luterana”, “Las brujas de Zamora Huayco”, “El cura sin cabeza”, “El caballero de las espuelas de oro”, “El Cristo del Milagro”, “La mula de Satanás”, “El muerto del confesionario”, y “El fantasma de la esquina de las monjas”.

Vivencias

En diálogo con Diario Crónica, Víctor Yaguana, jubilado, menciona que cuando él era pequeño, su abuela le contaba leyenda de “El cura sin cabeza”.

La leyenda refiere que, en Loja, caracterizada por ser una ciudad tranquila, surgió un hecho que intrigó a los habitantes puesto que todas las noches, al sonar las doce campanadas en la iglesia, un jinete sin cabeza galopaba por las calles. A pesar de la rapidez del espectro, los curiosos aseguraban que carecía de cabeza, hecho que motivó a un grupo de jóvenes a atraparlo y a descubrir las razones, a lo que el jinete les comentó que se debía a un trágico amor.

En su juventud, el “cura sin cabeza” se enamoró de su prima María Rosa, pero sus padres se opusieron al matrimonio y la enviaron a un convento en Loja. Decidido a rescatarla, el jinete ingresó al convento como huésped, luego como aspirante a la Orden y, posteriormente, se convirtió en ayudante de la sacristía, donde descubrió que su amada estaba presente.

Después de varios intentos fallidos de fuga, los jóvenes le ofrecieron una última oportunidad: convertirse en el “cura sin cabeza” para escapar con su amada. Aceptó; los amantes lograron su fuga y, en agradecimiento, enviaron una postal expresando su felicidad a aquellos que los ayudaron a encontrar la felicidad.

Como estas leyendas, hay varias que, en la ciudad, incluso han sido inspiración para colocar el nombre de restaurantes. Un ejemplo es el de la cafetería La Llorona, que, según su propietario Mauro Rodríguez, cuenta la leyenda de que cuando era media noche —en luna llena—, se escuchaba el lamento desgarrador de una mujer pidiendo que le devuelvan a su hijo que ella misma había ahogado en las aguas del río Malacatos. (I)