Campos Ortega Romero
El 10 de diciembre del presente año se cumplen 75 años de uno de los compromisos mundiales más importantes en la vida de los pueblos: la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), documento histórico que consagra los derechos inalienables que toda persona tiene como ser independiente, de su raza, color, religión, sexo, idioma, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Declaración que fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en París, el 10 de diciembre de 1948, constituyéndose en el documento más traducido en todo el mundo con más de 500 lenguas.
Los derechos humanos son como armadura: lo protegen; son como las normas, porque en ellas se explica cómo puede comportarse y son iguales que los jueces, porque puede recurrir a ellos. Son abstractos, como las emociones, y como ellas, pertenecen a todos, independientemente de lo que pase. Son como la naturaleza porque pueden ser violados; y como el espíritu porque no pueden ser destruidos. Como el tiempo, nos trata de la misma forma a ricos y pobres, a viejos y jóvenes, a blancos y negros, altos y bajos. Nos ofrece respeto y nos obliga a tratar con respeto a los demás. Así como la bondad, la verdad y la justicia, sobre las que a veces podemos estar en desacuerdo al definirlas, pero que reconocemos como valores cuando las vemos. Como bien lo señala John Stuar Mill. “Cuando llamamos nada a los derechos de una persona, queremos decir que tiene una petición válida en la sociedad para protegerse, ya sea por la fuerza de la ley o la educación y la opinión”.
La aceptación de los derechos humanos significa aceptar que todo el mundo tiene derecho a hacer estas afirmaciones: tengo estos derechos, no importa lo que diga o haga, porque soy un ser humano, al igual que usted. Los derechos humanos son inherentes a todos los seres humanos como el derecho de nacimiento. ¿Por qué se debe reclamar que no necesitan ningún tipo de comportamiento que los respalde? ¿Por qué no debemos exigir que los seres humanos merezcan sus derechos?
Una reclamación de derechos humanos es, en última instancia, un derecho moral, y apoyada en valores morales. Lo que mi derecho a la vida significa en realidad es que nadie debería quitarme la vida; que sería un error hacerlo. Todos los lectores estén probablemente de acuerdo con esta afirmación porque todos reconocemos que hay ciertos aspectos de nuestra vida, de nuestro ser, que deben ser inviolables y que nadie debería ser capaz de violar, porque son imprescindibles para nuestro ser, quienes somos y lo que somos, son esenciales para nuestra humanidad y nuestra dignidad humana. Sin el respeto de los derechos humanos, no podemos alcanzar nuestro máximo potencial. Y por tanto el objetivo que debemos marcarnos es conseguir extender esta idea entre todos los individuos del planeta.
Dos de los valores principales que se encuentran en el núcleo de la idea de los derechos humanos son la dignidad humana y la igualdad. Estos pueden entenderse en el sentido de definir las normas básicas que son necesarias para la vida y la dignidad humana; y su universalidad se deriva del hecho de que, en este sentido, al menos, todos los seres humanos somos iguales y por lo tanto no debemos, ni podemos discriminarlos.
Estas dos creencias o valores, son realmente todo lo que se necesita para entender la idea de los derechos humanos, y pueden resultar controvertidas. Esta es la razón por la que los derechos humanos reciben el apoyo de todas las culturas del mundo civilizado, todos los gobiernos y todas las religiones importantes. Se reconoce casi universalmente que el poder estatal no puede ser limitado o arbitrario, sino todo lo contrario, al menos en la medida en que todos los individuos dentro de su jurisdicción puedan vivir con ciertos requisitos mínimos de dignidad humana.
Muchos otros valores pueden derivarse de estos dos aspectos fundamentales y pueden ayudar a definir con mayor precisión cómo en la práctica las personas y las sociedades deben coexistir. Por ejemplo: Libertad, porque la voluntad humana es una parte importante de la dignidad humana. Vernos forzados a hacer algo en contra de nuestra voluntad degrada el espíritu humano. Respeto por los demás: la falta de respeto a alguien desprecia su individualidad y dignidad esencial. No discriminación: porque la igualdad en la dignidad humana significa que no debemos juzgar los derechos y oportunidades de las personas sobre la base de sus características. Tolerancia: ya que la intolerancia indica una falta de respeto a la diferencia y la igualdad no significa uniformidad. Justicia: porque las personas iguales en su humanidad merecen un trato justo. Responsabilidad: porque el respeto a los derechos de los demás conlleva la responsabilidad de los propios actos y esforzarse en la realización de los derechos de todos y de cada uno. Consideramos que, conociendo el principio de igualdad, implica tratar a las demás personas con respeto y consideración. Así sea.
