El reporte publicado por la Universidad de Harvard, sobre “La importancia de la figura paterna en la educación de los hijos: estabilidad familiar y desarrollo social” presenta datos altamente preocupantes: el 94% de los jóvenes con antecedentes delictivos no han tenido un modelo masculino positivo de conducta en sus vidas, el 72% de los chicos que han cometido algún asesinato y el 60% de los que cometieron violaciones crecieron sin su padre, el 63% de los suicidios de jóvenes se da entre muchachos sin padre, el 75% de los adolescentes en centros de desintoxicación no conocen a su padre, en tanto que el 80% de los adolescentes en hospitales psiquiátricos provienen de familias rotas, el 70% de embarazos no deseados le ocurre a niñas que crecieron si un padre, el 71% de los jóvenes que abandonan sus estudios en secundaria tampoco tuvieron a su padre.
Claramente la figura paterna es imprescindible en la formación de los niños y jóvenes, pero a pesar de su importancia, en el Ecuador tan solo el 67% de las familias tienen al varón como cabeza del hogar. Aunque muchas mujeres optaron o se vieron obligadas a ser padre y madre para sus hijos, es innegable que un padre que cumpla a cabalidad el rol de protector, proveedor e instructor, brinda la estabilidad necesaria para los futuros adultos, siendo clave en la construcción de su identidad, su autoestima y su personalidad. El salmista decía que “Como flechas en las manos del guerrero son los hijos de la juventud” (Salmos 127) ya que, así como un guerrero envía una flecha en una dirección determinada, así un padre es responsable del futuro de sus hijos.
La pregunta aquí es ¿por qué los hombres no asumen el rol para el que fueron creados? Las causas pueden ser variadas desde el divorcio, la preferencia por las uniones de hecho, la inmadurez de algunos hombres que no desean asumir el rol de padre, hasta la influencia asfixiante de las nuevas ideologías que atentan directamente contra la familia.
Nuestra sociedad debe fomentar una cultura en la que los hombres se enorgullezcan de ser padres ya que es una de las cosas más importantes, satisfactorias y trascendentes que un hombre puede hacer en su vida. La paternidad responsable promueve el bienestar y la realización del hombre y la vida familiar mueve a los hombres a ser más productivos, cultivando la honestidad, la confianza, el autosacrificio y la disciplina. “Cuando un hombre fuerte y bien armado cuida su casa, todo lo que él tiene está seguro” (Lucas 11).
