Santiago Armijos Valdivieso
Luego de las fiestas navideñas y de fin de año, hemos vuelto a las ocupaciones de la vida, y con ello, a la oportunidad de continuar con los propósitos pendientes, la corrección de errores y las tareas inacabadas. Una actitud de positividad y esperanza siempre ayudará a que todo esto se cumpla, eso sí, cuando ello esté arropado de voluntad y de acción.
El paso del tiempo es atropellado, arrollador y precipitado, por ello hay que establecer prioridades y dosificar las semanas con ribetes de trabajo, servicio, educación, cultura, familia, amigos, ejercicio y salud. De no hacerlo, perderemos otra oportunidad para aprovechar la existencia.
Está claro, que no todo depende de nosotros ni tampoco los planes se cumplen exactamente según lo esperado, ya que hay muchos factores sociales, económicos y políticos que incidirán en nuestras vidas, más aún, en un país como el nuestro, en el que la incertidumbre y la improvisación marcan poderosamente los días. Sin embargo, debemos hacer lo que corresponde y esté en nuestras manos, pues, no hay nada más satisfactorio que saborear la sensación del deber cumplido.
También es importante tener presente que para alcanzar logros y solucionar problemas hay que ir paso a paso, con planificación, ingenio y prudencia. Napoleón Bonaparte, decía, cuando debía atender alguna urgencia: “Vístanme despacio que estoy de apuro”; es decir, toda acción que se realiza atropelladamente y sin un debido beneficio de inventario no vale la pena, porque lejos de ayudarnos a solucionar la vida nos perjudicará y nos hará perder tiempo.
Un ejemplo de ello son las once preguntas de la consulta popular que ha presentado el Gobierno Nacional, cuyo contenido no está a la altura de las grandes necesidades sociales y políticas que exige el país para enfrentar los terribles problemas que lo azotan. Digo esto, porque la mayoría de las preguntas se limitan a topar temas de endurecimientos de normas penales que bien podrían realizarse vía reforma legal, pero nada dicen del Consejo de Participación Ciudadana que tantos dolores de cabeza ha dado al país como tampoco se refieren a la necesaria reestructuración integral del sistema de justicia penal en el Ecuador, cuya defectuosa estructura ha permitido, en muchos de casos, la impunidad. Qué conveniente habría sido que el presidente de la República abra canales de comunicación para que la sociedad y el foro jurídico presente propuestas de preguntas, y estas no sean el fruto del criterio de unos pocos funcionarios públicos encerrados en Carondelet.
En fin, las campanas del 2024 ya empezaron a sonar y el tiempo corre. Ojalá que aprovechemos, como individuos y como Nación, este nuevo momento.
