Dr. Camilo Espinosa Pereira
Sí, aunque suene paradójico, al grave problema de inseguridad que vive el país, provocado por la narco-delincuencia, hay que transformarlo en una magnífica oportunidad para comprender, aprender, reprender y emprender.
Primero debemos hacer una lectura de la realidad nacional, lo más objetivamente posible, despojados de prejuicios político-ideológicos, con el fin de comprender y tomar conciencia de la gravedad del problema que estamos viviendo, analizándolo en su relación causa y efecto. La lógica elemental nos enseña que, para solucionar un problema, debemos acometer su causalidad, hasta eliminar el efecto que se ha venido produciendo.
Una vez comprendida la realidad nacional y conscientes de lo que nos está sucediendo, es necesario aprender de esta lección histórica para no volver a cometer los mismos errores político-administrativos. Las investigaciones de la Fiscalía General del Estado, más el aporte de las FF. AA. y la Policía Nacional, nos están demostrando que el cáncer del narco-terrorismo ha hecho metástasis hasta comprometer a las altas esferas del Estado. Por lo tanto, el aprendizaje nos debe quedar muy claro: nunca más volver a entregar nuestro poder en las urnas, a quienes ya nos han demostrado que no se lo merecen, porque no son dignos, porque lo han utilizado para beneficio personal, sin importarles el grave daño que le han causado a la patria.
Analizada la causalidad del problema, es necesario identificar y reprender a los causantes, castigándolos con el máximo rigor de la Ley. El castigo debe ser directamente proporcional a la gravedad de la falta cometida. El problema de inseguridad ciudadana ha traído como efecto la vulneración de los derechos humanos universales. Se viene irrespetando el derecho a la libertad, a la propiedad privada, a la libre movilidad, al trabajo sin extorsión y, el derecho fundamental a la vida. No debemos permitir que los causantes de este grave problema queden cómodamente instalados en la zona de confort de la impunidad, como si no hubieran hecho nada.
Una vez neutralizadas las fuerzas del mal y castigadas estas mafias narco-delictivas, como se lo merecen, es necesario emprender en un proyecto de país, recuperando nuestra identidad histórica, redescubriendo quiénes somos, dónde estamos, cómo salir del pantano en que hemos caído y, hacia dónde debemos ir, definiendo un nuevo horizonte prospectivo. Para determinar qué queremos como país debemos volver la mirada hacia los más pequeños, hacia las nuevas generaciones que vienen detrás de nosotros, para preguntarles qué mundo quieren que les dejemos. Es tarea de la familia, la escuela y el Estado la construcción de una nueva sociedad permeada por principios, valores y virtudes que dignifiquen al ser humano. Si no educamos integralmente en la familia y en la escuela, jamás transformaremos la dura realidad del país.
