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Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez nació en Ciudad Barrios (San Miguel), el 15 de agosto de 1917. Su padre, Santos, era empleado de correo y telegrafista y su madre, Guadalupe de Jesús, se ocupaba de las tareas domésticas. Sus hermanos Gaspar, Tiberio, Arnoldo, Rómulo, Gustavo, Mamerto, Aninta y Zaída.
En 1931, llega al Seminario Menor de San Miguel. En 1937, ingresa al Seminario Mayor de San José de la Montaña en San Salvador. Siete meses más tarde es enviado a Roma para proseguir sus estudios de Teología. Es ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942.
Su labor como sacerdote comienza en la parroquia de Anamorós, trasladándose poco después a San Miguel, donde durante 20 años realiza labor pastoral: impulsa movimientos apostólicos como la Legión de María, los Caballeros de Cristo o los Cursillos de Cristiandad; desarrolla obras sociales como “Alcohólicos anónimos” o Cáritas; promueve la construcción de la Catedral de San Miguel y favorece la devoción a la Virgen de la Paz.
En 1966, Monseñor fue elegido secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador. Comienza así una actividad pública más intensa que viene a coincidir con un periodo de amplio desarrollo de los movimientos populares. Nombrado obispo de la Diócesis de Santiago de María, en 1974. En junio de 1975 se producen los hechos de Tres Calles: la Guardia Nacional asesina a 5 campesinos. Monseñor Romero va a consolar a los familiares de las víctimas y a celebrar la misa.
El nombramiento de Monseñor Romero como arzobispo de San Salvador, el 23 de febrero de 1977, es una sorpresa negativa para el sector renovador y una alegría para el gobierno y los grupos de poder. Sin embargo, un hecho ocurrido apenas unas semanas más tarde, va a dejar clara la futura línea de actuación de Romero: el 12 de marzo es asesinado el padre jesuita Rutilio Grande, hombre progresista que colaboraba en la creación de grupos campesinos de autoayuda y buen amigo de Monseñor.
La postura de Óscar Romero, cada vez más “peligrosamente” comprometida con el pueblo, comienza a ser conocida y valorada por el contexto internacional: el 14 de febrero de 1978 es nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Georgetown (EEUU); en 1979 es nominado al Premio Nobel de la Paz y en febrero de 1980 es investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Lovaina (Bélgica).
En efecto, en 1980 El Salvador vivía una etapa violenta en la que el gobierno era uno de los máximos responsables. La Iglesia calcula que, ese año, más de 900 civiles fueron asesinados por fuerzas de seguridad, unidades armadas o grupos paramilitares bajo control militar. El gobierno actuaba con el grupo terrorista ORDEN y los escuadrones de la muerte.
El cerco se cierra. Finalmente, el 24 de marzo de 1980, Óscar A. Romero es asesinado por un francotirador mientras oficiaba misa en la Capilla del hospital La Providencia.
Los funerales, celebrados el 30 de marzo de 1980, se convirtieron en una batalla campal en la que las fuerzas de seguridad acometieron contra miles de salvadoreños concentrados en la plaza de la catedral. El resultado: más de 40 muertos y doscientos heridos.
El nuevo santo Óscar Romero fue declarado oficialmente un mártir por el Papa Francisco en febrero de 2015 y fue canonizado como santo en octubre de 2018.
