La luna y su bufanda de colores
agita el corazón de los poetas,
despierta aletargadas emociones
que vuelan al encuentro de cometas.
La luna con su danza milenaria
humilla los sonetos de las aves,
fractura las costillas de las nubes
que caen en ocasos estivales.
La luna con su luz despreocupada
desciende hasta la espalda del amante
que cubre con su sombra estrangulada
los muslos de sus piernas caminantes.
La luna, victimaria de la noche,
desnuda con su lengua las estrellas,
exprímeles sus frutos cultivados
con rocas siderales y centellas.
La luna con sus alas de gaviota
penetra los cristales de mi lecho,
derrama su pasión como cascadas
que ruedan por los riscos de mi pecho.
