El caso “Purga”

Santiago Armijos Valdivieso

Por si quedaba algún resquicio de duda sobre la eficacia, frontalidad y valentía de la Dra. Diana Salazar Méndez, fiscal general del Estado, irrumpe en el escenario nacional, como trueno purificador, la audiencia de formulación de cargos en contra de un exasambleísta, una expresidenta de la Corte Provincial del Guayas y altos funcionarios judiciales de esa provincia. En dicho suceso judicial, resultante del caso denominado “Purga”, la representante de la vindicta pública expuso los elementos y resultados de la investigación penal en la que se reveló que los procesados habrían formado parte de un grupo estructurado para mangonear, en su beneficio, sentencias judiciales, sumarios y cambios administrativos. Como procede en derecho, el juez que conoce el caso dictó prisión preventiva a nueve de los procesados.

Este nuevo escándalo de corrupción y desvergüenza judicial, que ha salido a la luz pública, ratifica el deplorable nivel de descomposición social, a todo nivel, que alcanza a gran parte de nuestra clase política y a ciertos sectores de la justicia ecuatoriana. Está claro que no es la generalidad, pero los escándalos judiciales son numerosos y estos siguen estrangulando al país.

Por otro lado, esta reciente investigación de la fiscalía confirma las denuncias y preocupaciones formuladas por el excandidato presidencial Fernando Villavicencio Valencia (+), respecto a la corrupción judicial existente en el país, y deja sin argumentos a quienes torpemente lo tildaban de “denunciólogo”. Con este nuevo caso de corrupción revelado, el tiempo le sigue dando la razón a Villavicencio, su heroico accionar se agiganta y su personalidad se hace más ejemplar e inolvidable.

Desde su asesinato, perpetrado por los más repudiables rincones de la maldad, venturosamente el país aún cuenta con el profesionalismo, el civismo y la inteligencia de Diana Salazar, fiscal general, para seguir batallando con ese monstruo de mil cabezas que es la corrupción. Su labor en la investigación penal de los casos denominados “Metástasis” y “Purga” son clarísimos ejemplos de sus valiosas ejecutorias. Por todo ello, resulta indignante saber que, a pesar de una destacada gestión al frente de la fiscalía, ciertos sectores de la Asamblea Nacional pretendan enjuiciarla políticamente y sacarla de sus funciones para beneficio de la impunidad de corruptos, quienes han estado acostumbrados a infringir la ley, sin ninguna consecuencia.

Si todavía queda algo de sensatez en el Ecuador, ahora más que nunca, debemos estar en vigilia permanente por la situación e integridad de Diana Salazar Méndez y, en el caso no consentido, de que la Asamblea la destituya del cargo, en infundado juicio político, como se intenta, los hijos de esta pacífica Nación tendrán que dejar la prudente tranquilidad que los caracteriza para defender no sólo a una digna mujer ecuatoriana, sino al honor  de todo un país que está cansado de los duros golpes de la corrupción y la impunidad.