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El pasado 24 de marzo se conmemoró el 44 aniversario del martirio de monseñor Oscar Arnulfo Romero. Hoy les ofrecemos los fragmentos de dos homilías del arzobispo, realizadas en la Catedral de San Salvador.
Homilía del 01 diciembre de 1977: a las madres, por sus hijos desaparecidos:
“Queridos hermanos sacerdotes que concelebran esta Eucaristía para implorar la misericordia de Dios y el consuelo de tantos corazones, queridos fieles que en esta ocasión se solidarizan con las angustias de estas familias y con el misterio de la iniquidad que hace desaparecer gente.
Nadie como una madre puede comprender lo que vale un hombre, cuando ese hombre, sobre todo, es su propio hijo: «¿por qué me lo torturan? ¿por qué me lo desaparecen?». Y la presencia de una madre que llora a un desaparecido, es una presencia-denuncia; es una presencia que clama al cielo; es una presencia que reclama a gritos la presencia de su hijo desaparecido.
Hermanos, la Iglesia no es ilusa, la Iglesia espera con seguridad la hora de la redención. Esos desaparecidos aparecerán. Ese dolor de estas madres se convertirá en Pascua. La angustia de este pueblo que no sabe para dónde va, en medio de tanta angustia, será pascua de resurrección si nos unimos a Cristo y esperamos de Él. Bendita sea esta hora en que, junto a las madres afligidas, la Madre Iglesia quiere sembrar en el corazón de sus hijos la esperanza, la tranquilidad, la serenidad. Esta es la voz de la Iglesia, hermanos.”
Homilía del 23 octubre de 1980, el día anterior a su martirio:
“He tratado durante estos domingos de Cuaresma de ir descubriendo en la revelación divina, en la Palabra que se lee aquí en la misa el proyecto de Dios para salvar a los pueblos y a los hombres; porque hoy, cuando surgen diversos proyectos históricos para nuestro pueblo podemos asegurar: tendrá la victoria aquel que refleja mejor el proyecto de Dios.
Amnistía Internacional, recientemente condenó al Gobierno de El Salvador, responsabilizándolo de 600 asesinatos políticos… El vocero de Amnistía dijo que los cadáveres de las víctimas, como característica, aparecen con los dedos pulgares amarrados a la espalda. También aplicaron a los cadáveres líquidos corrosivos para evitar la identificación de las víctimas por parte de los familiares para obstaculizar denuncias de tipo internacional, agregó.
Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejército, y en concreto a las bases de la guardia nacional, de la policía, de los cuarteles. Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la Ley de Dios que dice: NO MATAR… Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios… Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla… Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado… La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre… En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión…!”
Al día siguiente, monseñor Romero fue asesinado.
