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Las diferentes crisis que vivimos en el continente americano, nuestro Abya Yala, se parecen a la noche oscura que no acaba de amanecer. Sin embargo, están apareciendo lucecitas que nos anuncian que el amanecer está próximo. Son tres mujeres ejemplares.
Desde el norte, nos anuncian que Claudia Sheinbaum, la nueva presidenta de México y primera mujer que gobierna el país en sus más de 200 años de vida independiente, se hizo con el poder con una promesa de continuidad que le facilitó la victoria el domingo con una amplia ventaja, de acuerdo con el conteo rápido oficial. A sus 61 años, la exalcaldesa de Ciudad de México, izquierdista de toda la vida, desplegó una campaña muy estructurada aprovechando la popularidad de su predecesor. Pero una vez con el bastón de mando, los mexicanos podrán ver cómo se posiciona Sheinbaum, con una personalidad muy diferente a la de su mentor y actual presidente Andrés Manuel López Obrador.
Desde el sur, nos llega una noticia agridulce, el viaje a lo infinito de una heroína en la defensa de los derechos humanos, La argentina Nora Morales de Cortiñas no dejó de buscar ni un sólo día de su vida a su hijo mayor, Gustavo, desaparecido por el terrorismo de Estado el 15 de abril de 1977. Norita, como era conocida en Argentina la presidenta de Madres de Mayo-Línea Fundadora, falleció este jueves a los 94 años sin encontrarlo. Preguntó por él junto a otras madres en despachos oficiales y comisarías durante la dictadura. Después, ya en democracia, se presentó ante la Justicia para intentar sin éxito encontrar respuestas en los militares sentados en el banquillo de los acusados. Nunca logró saber siquiera dónde lo tuvieron secuestrado y qué hicieron con él. Pero esa mujer de estatura diminuta y sonrisa inmensa llevó siempre la imagen de Gustavo sobre su pecho. Era su forma de recordarlo y también de reivindicar la memoria del pueblo argentino sobre una de las páginas más oscuras de su historia. Murió un jueves, ese día que durante 47 años ha sido la cita fija de todas las Madres de Plaza de Mayo para transformar su dolor en una lucha colectiva que ha dado la vuelta al mundo.
Desde el corazón de América, Ecuador, aparece una administradora provincial, que es ejemplar. Paola Verenice Pabón Caranqui (Ibarra, 28 de enero de 1978) es una abogada y política feminista. Realizó sus estudios superiores en la Universidad Central del Ecuador, donde obtuvo el título de abogada. Posteriormente realizó una maestría en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Inició su vida política como militante del partido Izquierda Democrática, en el que permaneció por siete años. Luego pasó al movimiento Alianza PAIS, del que posteriormente fue subdirectora en Quito. En las elecciones legislativas de 2009 fue elegida asambleísta nacional en representación de la provincia de Pichincha, siendo reelecta al cargo en las elecciones generales de 2013. Durante su tiempo en la Asamblea integró la comisión de gobiernos autónomos durante dos periodos. También fue coordinadora del Grupo Parlamentario por los Derechos de las Mujeres de octubre de 2009 hasta mayo de 2013 y de julio de 2013 hasta su salida de la Asamblea Nacional. En enero de 2016 asumió la Secretaría de la Gestión Política luego de la renuncia de su predecesora, Viviana Bonilla. En febrero del 2019 gana las elecciones para la Prefectura de Pichincha siendo la primera mujer en alcanzar este cargo. Desde su elección como prefecta, ha enfocado esfuerzos en la lucha por los derechos de las mujeres a través de la iniciativa Warmi Pichincha, promoviendo la igualdad de género y el empoderamiento femenino en la región. Para las elecciones seccionales de 2023 fue reelecta al cargo de prefecta. El pasado 29 de mayo, en un evento significativo para la política ecuatoriana, Paola Pabón, prefecta de Pichincha, fue elegida presidenta del Consorcio de Gobiernos Autónomos Descentralizados Provinciales del Ecuador (CONGOPE).
