Numa P. Maldonado A.
Nací en la calle Sucre, entre Azuay y Mercadillo, y aquellos inolvidables años de la niñez y adolescencia trascurrieron felices en el querido barrio, situado a pocos pasos del parque de San Sebastián. Justamente entre los distinguidos vecinos que tuvo por esos años nuestro barrio, destaca, el Dr. Alfredo Mora Reyes. Pero , ya que de evocar recuerdos se trata, permítaseme evocar con respeto y nostalgia los nombres de otros vecinos: Hacia el Sur, a dos cuadras de mi casa, destacaba la calle de los “anos”, donde vivían las familias del Dr. Luciano Lasso, del Licdo. Victoriano Palacios y de don Emiliano Ortega; inmediatamente hacia el norte, las familias de Don Moisés Bravo, dueño de uno de los primeros grandes camiones de la ciudad, de nombre Atahualpa, el Dr. Murillo, las familias Solano de la Sala, del Dr. Aurelio Jaramillo y del Dr. Alfredo Mora Reyes; a continuación, mi “cuadra”, donde estábamos asentados las familias del Mayor Freire, del Dr. Cisneros, del Dr. Marcial Tandazo, de las señoritas Jaramillo, de Don Julio Masache, de los hermanos Juan de Dios y Clotario Maldonado Paz, del Dr. Alberto Burneo, de don Víctor Flavio Cueva … y, por una corta temporada, en una tienda frente a nuestra casa, la Muda Clacla y su hermosa hija, a quien el laureado poeta lojano y de nuestro barrio, Carlos Eduard Jaramillo, le dedicó una hermosa poesía…
Por los años 50 y 60 del siglo pasado, en los barrios de ciudades de provincia cómo la de Loja, con servicios básicos deficientes y otras limitaciones, teníamos, o manteníamos como recompensa, una gran solidaridad y respeto por los vecinos, con muchos de los cuales mantuvimos estrecha amistad. Los niños jugábamos en las calles empedradas y cuando adolescentes tuvimos al parque de San Sebastián como el preferido de los encuentros juveniles.
Recuerdo con singular alegría la unión del barrió apoyando la candidatura del Dr. Alfredo, cuando su compaña para alcalde por los años1954-55: la conformación de comités de damas, donde mi mamá junto a las demás vecinas hacía frecuentes reuniones y obtenían adherentes de otros barrios, bajo la coordinación de la señora Bertita Witt, esposa del Dr. Alfredo, y nosotros los jóvenes, hacíamos carteles y participábamos en desfiles, con algarabía e improvisando consignas.
El doctor Alfredo Mora Reyes fue un hombre jovial, muy respetuoso, gran lector, culto, profesional del derecho y jurisprudencia bien formado. Como muchos conocemos ocupó varios cargos de renombre a su paso por la política, algunos de ellos: presidente del Consejo Provincial de Loja, concejal de la ciudad de Loja y alcalde de Loja en los periodos 1955-1958 y 1959-1962; entre su obra como alcalde, destaca la construcción de la torre del reloj de la plaza de San Sebastián, en cuyas paredes laterales se ha agregado una emblemática historia cívica que sintonice con el nombre del parque, o plaza de la Independencia. También fue presidente de la Casa de la Cultura, núcleo dé Loja, docente y rector de la Universidad Nacional de Loja… y cuando trasladó su domicilio a Quito, ocupó otros importantes cargos públicos, entre otros el de Fiscal de la Nación. Y, sin duda alguna, escribió varios importantes ensayos.
Precisamente sobre este último aspecto hace referencia el libro “Alfredo Mora Reyes, obras escogidas”, editado por su hijo Miguel Mora Witt, cuyo lanzamiento tuvo lugar el pasado viernes. Un libro de 514 p., que no solamente cuenta la trayectoria de un personaje muy querido e importante de Loja, sino que encierra importantes hitos de la historia de Loja y su Provincia.
