Encontrar una buena persona

Quilanga, 19 de junio 2024

El himno de la creación divina del relato bíblico nos dice, “que vio Dios que todo era bueno”, más, sin embargo, lo bueno y lo bello de este relato figurado, pronto se vio corroído e inicia una lucha entre el bien y el mal. Así se ha debatido la construcción social.  En el devenir histórico asomará el “ojo por ojo, diente por diente”, “la unidad y lucha de contrarios”, “la supervivencia del más fuerte” que, aparentemente, nos ha conducido a un desarrollo y progreso material, en desmedro de la calidad del ser humano.

En estas condiciones y en medio del lodazal, precisa, que todos demos un respiro a nuestras funciones, a nuestras acciones, a nuestro ser para empezar a buscar y rescatar a todas las buenas personas, independientemente, del rol o función que desempeñen en la sociedad, en la iglesia, en las organizaciones y en la familia.

No se debe desconocer que muchos actores están inmersos en el siniestro mundo: del ego, de la vanidad, la petulancia, el arribismo, el ajuste de cuentas y por sus locas ambiciones de poder y dinero, todas ellas, acompañadas de mediocridad e ignorancia propias del sin sentido de su vida y de la carencia de principios y valores. Ejemplos sobra en la historia y en las organizaciones

Los tristes capítulos de la historia de la humanidad, de los países, de ciudades y pueblos están más llenas del odio, de la venganza, de la envidia y de los celos del poder, que de la sangre de mártires profetas de la fe, de los mártires en la lucha por la dignidad del trabajo o de las luchas femeninas.

No quiero en mis líneas desgastarme por lo nocivo, por lo tóxico de la maldad humana, sino, anhelo encontrar cada día a esa buena persona, a muchas buenas personas, porque, lo más importante en la vida es ser una buena persona, dentro de lo que cabe, esa persona debe inspirar bondad, armonía, justicia, hermandad. Que sus actos sean el reflejo de un compromiso consigo mismo y coherente con su formación, profesión y responsabilidad consignada.

Todos, en algún momento, hemos cometido el error humano de odiar, atacar, insultar, envidiar, desear el mal. Lastimosamente es parte de la condición de la especie. El mérito está en abandonar esas prácticas, reconocer y perdonar.

Me pregunto, ¿Es posible ejercer la crítica al otro, sin apasionamientos y sesgos? No es posible. Los “homo sapiens” estamos embriagados de las pasiones. Debe llegar el momento que esa buena persona que buscamos dentro o fuera surja y permita abrir las puertas del corazón y poder reconocer al otro, a mi prójimo.

Sin entrar en detalles ¿qué parámetros nos permite determinar si alguien es una buena persona? Categóricamente lo diré: ser humilde, sencillo, amable, alegre, buen padre o madre, buen hijo, buen esposo o esposa, buen ciudadano, buen estudiante, honesto, responsable, líder; entre algunas virtudes humanas más.

Es momento, rescatemos, por lo menos, lo bueno, lo mejor de la humanidad de las personas. Desde mi experiencia docente y al participar de las Juntas de curso de fin de año, busquemos a ese buen estudiante al que preparamos a ser una buena persona. Sus notas son válidas, pero más vale su ser, su integridad, su realidad humana.