Pablo Paúl Maldonado Romero
“La salud mental es primordial para nuestra capacidad de pensar, sentir, aprender, trabajar, establecer relaciones significativas y contribuir al desarrollo de nuestras mentes y sociedad”.
La salud mental es un estado de bienestar mental o cerebral, mismo que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, poder aprender y trabajar adecuadamente y contribuir de esta manera a la mejora de su calidad de vida, además, es un derecho fundamental y un elemento esencial para el desarrollo personal, comunitario y socioeconómico. Las afecciones de salud mental comprenden trastornos mentales y discapacidades psicosociales, así como otros estados mentales asociados a un alto grado de angustia, discapacidad funcional o de riesgos conductuales en su accionar. Las personas que padecen estas patologías son más propensas a experimentar niveles más bajos de bienestar mental y social. A lo largo de la vida, múltiples determinantes individuales, sociales y estructurales pueden combinarse para proteger o socavar nuestra salud mental y cambiar nuestra situación. Factores psicológicos y biológicos individuales, como las habilidades emocionales, el abuso de sustancias y la genética, pueden hacer que las personas sean más vulnerables a las afecciones de salud mental. La exposición a circunstancias sociales, económicas, geopolíticas y ambientales desfavorables, como la pobreza, la violencia, la desigualdad y la degradación del medio ambiente, también aumenta el riesgo de sufrir afecciones en la salud mental. Los riesgos pueden manifestarse en todas las etapas de la vida, pero los que ocurren durante los períodos sensibles del desarrollo, son particularmente perjudiciales. Por ejemplo, la mala crianza, los castigos físicos, el acoso escolar perjudica la salud infantil convirtiéndose en un factor de riesgo. Lo importante es que los factores de protección se dan durante toda la vida y aumentan la resiliencia. Entre ellos se cuentan las habilidades y atributos sociales y emocionales individuales, así como las interacciones sociales positivas, la educación de calidad, el trabajo decente, los vecindarios seguros, la cohesión social, entre otros. Los riesgos para la salud mental y los factores de protección se encuentran en la sociedad en distintas escalas. Las amenazas locales aumentan el riesgo para las personas, las familias y las comunidades. Las amenazas mundiales incrementan el riesgo para poblaciones enteras como: las recesiones económicas, los brotes de enfermedades, las emergencias humanitarias y los desplazamientos forzados, y la creciente crisis climática. Las intervenciones de promoción y prevención se centran en identificar los determinantes individuales, sociales y estructurales de la salud mental, para luego intervenir a fin de reducir los riesgos, aumentar la resiliencia y crear entornos favorables para la salud mental. Para lograr buena salud mental es necesario aumentar el valor que se otorgan a la salud mental y a las personas, las comunidades y los gobiernos, y hacer que todas las partes interesadas, de todos los sectores, se comprometan en favor de la salud mental e inviertan en ella; actuar sobre las características físicas, sociales y económicas de los medios familiares, escolares, laborales y comunitarios en general, a fin de proteger mejor su salud mental, prevenir su afecciones y fortalecer la atención de para que todo el espectro de necesidades en la materia sea cubierto por una red social y por servicios de apoyo accesibles, asequibles y de calidad.
