Luis Antonio Quizhpe
En una entrega anterior expuse sobre la importancia de leer cómics como estrategia motivacional a lectura de la niñez y juventud, porque este material está expresado en dos lenguajes: el icónico y el literario. El primero es un sistema de representación lingüística y visual que expresa la realidad por medio de imágenes y el segundo es la lengua común empleada con habilidad estética. Entonces, la fusión de imagen y literatura apela los sentidos, induciéndolo al sujeto a la lectura.
En esta era de grandes adelantos tecnológicos, supone grandes retos para la enseñanza de la lectura, porque claramente se evidencia la preponderancia de la imagen en el entorno educativo. Pese a que los educadores, bibliotecarios y mediadores culturales ya enfrentamos a este fenómeno, la lectura de textos escritos, o “lectura tradicional”, sigue vigente en la educación que impartimos día a día, aunque el comic es un recurso por explotarse todavía.
Claro está que no podemos ignorar la lectura de la imagen en la escuela, en las bibliotecas y en el hogar, pero no por ello debemos descuidar la lectura tradicional. En este contexto, el cómic ofrece una excelente puerta para abordar el problema de la formación de lectores, por su contenido de palabra e imagen que puede servir como puente entre la lectura del texto escrito y la de imágenes, dos medios que fusionados darían como resultado la comprensión y el placer de leer.
Pero, para que se dé lo anterior es necesario desprenderse de algunos prejuicios que persisten no solo sobre la legitimidad del cómic como producto cultural, sino también sobre su utilidad como soporte de iniciación a la lectura. Dichos prejuicios tienen que ver con la complejidad de la lectura tradicional, la cual se suele contraponer a una supuesta facilidad y espontaneidad inherentes a la lectura de la imagen.
Por supuesto que leer textos escritos no es fácil. A pesar que hemos dedicado muchos años al aprendizaje y perfeccionamiento de nuestras habilidades lectoras y pese a los esfuerzos institucionales en este sentido, nuestra sociedad, al carecer de una cultura lectora, no cuenta con lectores ideales. Y, ¿quiénes son los responsables de esto?: los gobiernos con sus políticas educativas desacertadas, los maestros, las instituciones públicas y privadas, la sociedad civil.
Y como reacción a las serias dificultades que supone la enseñanza de la lectura de textos escritos, se ha difundido la creencia de que la lectura de imágenes es más directa, menos codificada, más automática para niños y adolescentes. Según esto la lectura de cómics sería menos exigente desde el punto de vista intelectual y que por ello sería más atractiva para los niños. Se cree también que el texto de los cómics, por ser de contenido simplificado, no ayuda a desarrollar las habilidades lingüísticas de los jóvenes. Pero, hay que superar estos prejuicios y abogar por el cómic como soporte útil para cultivar el hábito y la cultura lectora.
