
La Fundación Samuel Rescata, lugar dedicado a la recuperación de personas inmersas en el mundo de las drogas y el alcohol, cerró sus puertas definitivamente. Las autoridades locales no se pronuncian del tema, mientras que, familiares retiraron a sus parientes.
Circunstancias
A raíz de los rumores sobre un paciente fallecido, que días después se confirmó (por un paro cardiorrespiratorio, rumbo al hospital) y los malos comentarios, que ocasionaron la salida de todos los internos del centro; a través de un video colgado en la fanpage, el director de la fundación tomó la decisión de cerrar el lugar. A su decir, el joven murió porque Dios lo quiso así y no por circunstancias extrañas.
En este contexto, Diario Crónica, por varios medios, intentó comunicarse con Samuel Rescata para conocer los servicios que daba y costos, pero no hubo respuesta.
Gestión
Por su lado, la gobernadora de la provincia de Loja, Alexandra Jara Minga, señaló que conoce del tema e involucra a ciudadanos lojanos, por lo que realizó la gestión con la entidad encargada de constatar y realizar el control de estos centros, la Agencia de Aseguramiento de la Calidad de los Servicios de Salud y Medicina Prepagada (Acess). “Daremos el seguimiento para que no haya vulneraciones de los derechos de las personas”, acotó.
En cambio, la directora Zonal de Acess, Ana Castillo, evitó dar entrevistas por temas de agenda y destacó que, en la medida de la posible, emitirá la información, lo cual deja más dudas que si la fundación tenía o no permisos.
Criterios
Varios ciudadanos se mantienen con criterios divididos sobre la atención en este lugar; por ejemplo, Rubén Jimbo señala que este tipo de centros deberían ser manejados por un profesional de salud mental y el resto del equipo también. “Sé que la intención es la mejor, pero es un problema de salud pública que debe ser manejado por el sistema de salud de nuestro país, sea privado o público”, dijo.
Luci Carpio concuerda con que esta problemática debe ser atendida por profesionales, “lamentablemente, la inversión en salud mental —y más pública— no existe, lo privado genera altos costos económicos, que muchos no pueden pagar”. (I)
