Casa de la Cultura Ecuatoriana, heredad de nuestra nacionalidad

Campos Ortega Romero

campolin2010@hotmail.com

La cultura constituye un conjunto de relaciones humanas que han trascendido en el tiempo y que le permite al hombre conservar, reproducir, crear nuevos conocimientos y valores para la transformación de su medio social y cultural, cada día cobra mayor importancia como columna fundamental para la satisfacción de las necesidades espirituales y como elemento de influencia directa en la producción de medios materiales de vida para la sociedad. Se considera un factor fundamental de la calidad de vida, una dimensión esencial no sólo para la preservación de la identidad, sino también para la gobernabilidad, la ciudadanía, la cohesión social y la creatividad de los diferentes grupos humanos.

Para pensarnos como sujetos sociales no podemos dejar de analizar el concepto de cultura, lo que implica, lo que nos transforma y la importancia que tiene para el desarrollo de un grupo social. Empecemos, pues, por el principio. ¿Qué es la cultura? Se trata de un conjunto amplio de características que un grupo comparte: se reúnen en este concepto el lenguaje, las costumbres, las ideas, el comportamiento y todo lo referente a las manifestaciones no biológicas que el grupo comparte, siendo estos considerados dentro del concepto de naturaleza, que se opone al de cultura, según la mayoría de antropólogos y sociólogos.

La cultura es la forma en la que un grupo interpreta, asimila y experimenta la vida. Sin embargo, es importante tener presente que estas características se encuentran también vinculadas a una época precisa. Y aquí la cultura estrecha lazos con el lenguaje: son sistemas en constante construcción. La importancia de la cultura reside en que a través del análisis de ella se puede comprender la forma de vivir de una comunidad y adelantarse a las acciones de sus representantes. Para entender cómo piensa un grupo es necesario, en primer lugar, acercarse a su historia para poder analizar las consecuencias que las experiencias colectivas han dejado en ellos.

Es aquí donde radica la importancia de la creación de la Casa de la Cultura del Ecuador, constituyéndose en bálsamo propicio que germinó de esa urgencia común ciudadana de evolucionar hacia el robustecimiento del pensamiento libre, las identidades, el humanismo y soñar en la utopía del desarrollo de la Patria a partir de la cultura.

Levantaba esta efervescencia el respetado intelectual lojano doctor Manuel Benjamín Carrión Mora, el ecuatoriano más relevante del siglo XX, visionario hombre de avanzada que alimentó la utopía ciudadana frontalmente a través de sus publicaciones como Cartas al Ecuador y surcó en el pensamiento colectivo esa conciencia social por la lucha de la igualdad de los derechos de los ecuatorianos y así los derechos culturales. Entonces se consolidó y fraguó la red institucional cultural más sólida de la historia del Ecuador, la Casa de la Cultura Ecuatoriana. La institución nació el 9 de agosto de 1944, en la Presidencia del Dr. José María Velasco Ibarra, a través del Decreto 707, publicado el 25 de agosto del mismo año, con el propósito de “dirigir la cultura con espíritu esencialmente nacional, en todos los aspectos posibles a fin de crear y robustecer el pensamiento científico, económico, jurídico y la sensibilidad artística de la colectividad ecuatoriana”.

Bajo el lema colectivo de “Volver a tener patria” se fraguó una corriente de pensamiento libertario emergida desde el quehacer cultural, en una intentona de echar al olvido la humillante pérdida del territorio nacional luego de la firma del Protocolo del Río de Janeiro. Fue así como poco a poco se aglutinaron los intelectuales, escritores, artistas, creadores para robustecer la cultura nacional y elevar la legitimidad de la entidad que desde su nacimiento recibió exiguos recursos económicos, pero desde siempre fue, es y será rica en creación, diversidad. y libertad. Por eso, las cosechas no se hicieron esperar, se sucedió la apertura de los núcleos provinciales en toda la geografía nacional, especialmente en los años cuarenta y cincuenta.

Carrión luchó para reivindicar la dignidad nacional, asumió el desafío desde la promoción de la ciencia, letras y el desarrollo artístico cultural. La Casa de la Cultura Ecuatoriana, concebida como verdadero hogar de la cultura nacional, y del país, como idea y servicio, está ubicada a la cultura popular, fuente auténtica de creación artística; y al pueblo del Ecuador, dueño exclusivo, como soberano modelador e inspirador de la cultura nacional. Recordamos que el Doctor Benjamín Carrión, estuvo en calidad de presidente de la Casa de la Cultura en los años: 1944-1948, 1961-1962, 1966-1967.

Al conmemorase los ochenta años de fundación de la Casa de la Cultura del Ecuador, saludamos a todo el personal que labora en la Casa de la Cultura, Núcleo de Loja, en la persona del Dr. Diego Naranjo, director: recordando que la cultura constituye un camino de participación individual y colectiva por días mejores de nuestra patria. Así sea.