Quilanga, 15 de agosto 2024
En medio de este bullicio politiquero, de búsqueda de candidatos, candidatas, de alianzas “por el país” y a las puertas, en el campo educativo, de un nuevo año lectivo en el régimen sierra, vale la pena refrescar en nuestro ser de directivos, docentes, DECE, personal de apoyo, algunos principios constitucionales, de la LOEI y del desempeño profesional docente que sustentan la profesión más sublime del mundo.
Los artículos 26 y 27 de la constitución refieren que es un “derecho que las personas a largo de su vida y un deber ineludible e inexcusable del Estado”, “debe estar centrada en el ser humano y garantizará su desarrollo holístico, en el marco del respeto a los derechos humanos, al medio ambiente sustentable y a la democracia; será participativa, obligatoria, intercultural, democrática, incluyente y diversa, de calidad y calidez; impulsará la equidad de género, la justicia, la solidaridad y la paz; estimulará el sentido crítico, el arte y la cultura física, la iniciativa individual y comunitaria, y el desarrollo de competencias y capacidades para crear y trabajar”.
La LOEI del 2011 y sus reforma en el 2021 en los artículos 2 y 3 de principios, enfoques y fines ratifican: acceso universal, no discriminación e igualdad en el trato, interés superior de los niños-as y adolescentes, interculturalidad/plurinacionalidad, equidad, inclusión corresponsabilidad, pertinencia; libertad, educación en valores, educación para el cambio, para la democracia, para la participación, flexible, integral, de cultura de paz, de calidad y calidez, enmarcada en un diseño universal de educación y con enfoque de derechos humanos, de la niñez y adolescencia, de género y de movilidad, cuyos fines son el desarrollo de la personalidad, la identidad, la incorporación a la comunidad, promoción cívica, sostenibilidad y potenciación del conocimiento, de habilidades y capacidades productivas, entre otras.
Decían los abuelitos “más claro no canta un gallo”. Aquí está la base del desempeño profesional y del ejercicio de vocación docente, que es una vocación netamente de servicio, de sacrificio, de entrega. De los fundamentos legales se desprende el modelo educativo y todo tipo de regulaciones, acompañamiento y evaluación que la autoridad educativa emita.
Sin duda, desde hace algún tiempo y conforme los procesos sociales, educativos, tecnológicos se desarrollan, en nuestro sistema educativo nacional se va consolidando una propuesta en marcha de un modelo constructivista que permite que estudiantes y docente descubran, comprendan y construyan su propio conocimiento en base a aprendizajes previos.
Los padres de la filosofía antigua nos enseñan, “sólo sé que nada sé”, nos dice Sócrates, Platón habla del mundo de las ideas, Aristóteles nos dejó el principio “conócete a ti mismo”. Las preguntas, las ideas y las emociones, son entonces, fuente de enseñanza-aprendizaje donde la consideración de la persona humana como centro de la educación garanticen su desarrollo integral, respete sus derechos educativos de la familia, la democracia y la naturaleza.
Me hago eco de dos que tres ideas obtenidas en una jornada de capacitación: “El silencio es el comienzo de la sabiduría”, “las asignaturas no son el fin, sino los medios, igual que los textos son un instrumento, no la razón absoluta”, necesitamos hoy “aprender a aprehender” que es saber conocer, saber hacer, saber ser y saber convivir; “el decente es un líder que motiva, acompaña, ayuda a resolver problemas” y, finalmente, “el primer aprendizaje empieza por las emociones”.
Seguir adelante es perseguir los sueños y a los estudiantes se les debe ayudar a conquistar sus sueños valorando sus esfuerzos.
