Efraín Borrero E.
Cuando el pasado once de julio conocí la infausta noticia del fallecimiento de Sebastián Valdivieso Cueva, nacido en Loja el ocho de febrero de 1947, a quien llamábamos simplemente “Chabaco”, me consternó profundamente porque no era un amigo cualquiera, fue un amigo del alma.
La tribulación por ese doloroso suceso se apoderó del sentimiento de cuantos tuvieron la dicha de disfrutar su cálida amistad, recordándolo por la sencillez propia de su estilo natural y con la misma sonrisa espontánea que afloraba en su rostro cuando conversaba con quien o quienes podían ser sus interlocutores de ocasión, como expresó su hermano Camilo en la misa de cuerpo presente en el Camposanto Monteolivo de la ciudad de Quito.
Chabaco fue una persona excepcional y con muchos atributos: inteligente, carismático, don de gentes y sincero en su amistad; un señor en toda la extensión de la palabra, de naturaleza afable, cortesía exquisita, bondad sin límites y decencia desbordada.
Camilo Valdivieso manifestó que la inesperada partida física de este mundo terrenal de su hermano Chabaco, permitió recibir un alud de mensajes a través de los medios tecnológicos, todos ellos para expresar la condolencia y destacar su vocación de servicio y la significación que supo darle al invariable valor de la amistad.
En muchos de esos mensajes, que fueron compartidos y los pude visualizar en aplicaciones de mensajería instantánea, se resalta la actitud permanente de Chabaco para servir a todos, sin distingos de ninguna naturaleza. Fue una de esas personas que concibió la vida, en su filosofía, como servicio a los demás, dice Walter Mena.
No cabe duda que esa disposición para servir, que era esencial en su personalidad y definía su propia identidad, fue preferente para los lojanos que acudían a él a fin de lograr su ayuda en forma desinteresada y sin otra recompensa que la de servir hasta el límite de sus posibilidades, por eso fue inmensamente apreciado.
Su sobrino Santiago Armijos Valdivieso dice que “venturosamente, a Sebastián Valdivieso Cueva nunca lo mareó las altas funciones que ocupó durante su extensa trayectoria pública y privada, ya que, al contrario de la tendencia, siempre lo volvieron más humano y solidario al momento de extender su mano amiga para servir y ayudar a quien pudo”.
A lo largo del tiempo he tenido la oportunidad de evidenciar el sentimiento de gratitud que muchos lojanos guardan a Chabaco, honrando el célebre pensamiento de Cicerón, quien dijo que “la gratitud no solo es la mayor de todas las virtudes, sino que es la madre de todas las demás”.
Ese fue el caso del Padre Nilo Espinosa quien, en la homilía de la liturgia que en su memoria ofició el día lunes de esta semana en la Iglesia de las Madres Conceptas, se refirió a Chabaco con excelsas y lucidas palabras de afecto y gratitud, resaltando su inconmensurable generosidad y destacándolo como un ser humano ejemplar al servicio de nobles propósitos, haciendo referencia de anécdotas que las conserva entrañablemente en su recuerdo y que los presentes las asimilamos con enorme emoción.
Chabaco tuvo la posibilidad de brindar su ayuda en forma generosa por el amplio radio de acción que le permitieron las elevadas funciones que ejerció a partir de febrero de 1972, en la Presidencia de la República, invitado por el lojano Carlos Enrique Aguirre Asanza, Secretario General de la Administración Pública, constituyéndose en su colaborador más cercano y de mayor confianza. Dice Camilo Valdivieso que esa coyuntura le abrió el campo de cultivo y cosecha de amistades que se multiplicaron en todas las ciudades y regiones geográficas del país.
El cargo que asumió era el que actualmente corresponde al de Subsecretario General de la Administración Pública. Luego pasó a ser Director de Trámites Legales de la Presidencia de la República, cargo equivalente al del actual Secretario Nacional Jurídico, que tiene rango de Ministro, con la particularidad de que el Gobierno Militar cerró el Congreso Nacional y las leyes se expedían a través de Decretos Supremos, cuyos textos se analizaban, procesaban y preparaban en la Dirección Legal de la Presidencia, de la que Sebastián Valdivieso Cueva era titular.
Cuando en enero de 1976 terminó el gobierno del General Guillermo Rodríguez Lara, éste fue sustituido por el Triunvirato Militar integrado por el Almirante Alfredo Poveda Burbano, el General Guillermo Durán Arcentales y el Brigadier General Luis Leoro Franco, periodo durante el cual Chabaco fue designado Secretario del Consejo Supremo de Gobierno, en circunstancias que frisaba los veinte y nueve años de edad,
Su gestión concluyó en1979 con el Plan de Retorno a la Democracia, en el que le correspondió alternar e interactuar con los integrantes del Consejo Supremo y con el entonces Ministro de Gobierno, General Richeliu Levoyer Artieda, principal impulsor y ejecutor de dicho plan que culminó con las elecciones en las que fue elegido como Presidente Constitucional de la República el abogado Jaime Roldós Aguilera.
Las funciones mencionadas le permitieron un roce político del más alto nivel y un relacionamiento con los estamentos superiores de la estructura estatal: Ministros, Subsecretarios, Directores Nacionales, Gobernadores, Alcaldes, etcétera; pero principalmente con ciudadanos de todas las latitudes del país.
En los años posteriores fue designado Vocal Principal del Consejo Electoral Provincial de Pichincha; Vocal Principal del Tribunal Supremo Electoral; asesor de la Presidencia del Congreso Nacional, cuando fue presidido por Andrés Vallejo Arcos y Raúl Baca Carbo; secretario general del Banco del Estado; subsecretario del Ministerio de Gobierno y como tal presidente del Consejo Nacional de Tránsito; representante del Presidente de la República ante el Directorio de Petroecuador y Notario Público del Cantón Quito por algunos periodos hasta su jubilación en el año 2012.
Esa Notaría era de los lojanos. En las ocasiones que lo visité pude constatar la gran afluencia de paisanos que acudían en procura de sus servicios, a quienes recibía con su singular calidez y afecto. Allí conocí personalmente al General Guillermo Rodríguez Lara que lo apreciaba en sumo grado.
Una vez retirado de sus funciones públicas se integró al Estudio Jurídico Karolys Vela, gracias a la gentil invitación de su dilecto amigo y colega Gil Vela Vasco, connotado jurista que le abrió un espacio en el cual laboró hasta el día de su muerte.
También desempeñó funciones ejecutivas en la banca privada y desarrolló actividades empresariales privadas asociado con accionistas nacionales y extranjeros. Es decir, una dilatada y meritoria trayectoria de trabajo poniendo en alto el nombre de Loja por su capacidad y brillante desempeño.
Vinculado a la Asociación Lojana en Quito, fue vocal del directorio en algunos periodos y presidió esa importante colonia de lojanos radicados en la Capital de la República.
Chabaco fue amante de Loja y la añoraba entrañablemente, a eso se debió su especial empeño en cualquier gestión tendiente a procurar su desarrollo. Por esa razón, en aquella ceremonia religiosa de despedida a su morada final en el Camposanto Monteolivo, Edgar Palacios y Lucho Gordón interpretaron el pasillo que nos identifica: Alma Lojana; esas notas musicales que encarnan el encanto de esta tierra lojana de la que Cristóbal Ojeda Dávila se enamoró por su hermosa campiña, su pequeña y apacible urbe, y su gente amistosa, amable y generosa.
En medio de la inmensa tristeza que en el seno familiar provocó la eterna partida de Chabaco, su hermana María Antonieta escribió: /Ahora camina ya en la otra orilla, donde fulgura la celeste aurora; un sendero azul de luces y de espejos, lleno de paz y de armonía/.
Nosotros, sus amigos del alma y todos cuantos disfrutaron su cálida amistad, nos quedamos con el grato recuerdo de su maravilloso ser; su don de gentes, su trato afable y de fino humor, su generosidad sin límites y honestidad a toda prueba; pero, sobre todo, con su profuso espíritu solidario que era la fuerza que lo impulsaba a dedicar tiempo y energía para ayudar a todos los que pudo. Bien cabe decir: “Todo honor a todo gran señor”.
El nombre de Sebastián Valdivieso Cueva perdurará en el recuerdo de los lojanos; no lo olvidaremos. “La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan”, dice la prestigiosa escritora chilena Isabel Allende.
Desde lo más hondo de mi corazón y al estilo marinero le digo a mi inolvidable amigo Chabaco: buen viento y buena mar; sentimiento compartido afectuosamente por mi familia y mis hermanos.
