P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ
El Evangelio según San Marcos desarrolla su cristología a partir de una convicción profunda, a modo de catequesis, que pone de manifiesto una gran verdad: Jesús es el Hijo de Dios. Nos introduce en el gran misterio de la fe. Nuestro autor sagrado presenta dos relatos de la multiplicación de los panes y pescados. En el segundo, narración que sirve de base para nuestro análisis, la gente se reúne de nuevo con Jesús.
El hecho prodigioso inunda el ambiente con el aroma del pan. Los maestros de la ley, junto con los fariseos, llegan al lugar y su presencia contrasta sobremanera con la sobriedad de lo acontecido. Las manos de Jesús, las de los discípulos y las de la gente, conservan el olor de la solidaridad que brota del interior del corazón. Todavía huelen a pan. Las de las autoridades judías, lavadas y purificadas, emana el olor contrario. Un escenario polémico que da lugar a una nueva manifestación del poder y la autoridad de Jesús. Las palabras del maestro verdadero tiñen el ambiente con otro color. El de la verdadera moral. Los discípulos de Jesús constituyen el blanco al que apunta la fuerza de una crítica que pretende hacerles daño: ¿Por qué ellos comen con las manos impuras y no siguen con la tradición de sus antepasados? El contraataque de Jesús fulmina los argumentos expresados por los maestros de la ley y los fariseos. Jesús, con la correcta interpretación de la Sagrada Escritura, pone en evidencia la hipocresía de la observancia legalista. Les dice: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”. El mensaje de Jesús constituye una de las tesis morales de mayor trascendencia en la historia de la humanidad. Recalca que el culto que tributan a Dios, inútil a todas luces, tiene sustento humano. Ellos, dejan de lado el mandamiento de Dios para aferrarse a las tradiciones de los hombres. Nos enriquecemos con el principio determinante de un criterio moral anclado en una piedad externa y ritualista que oscurece la conciencia del hombre. La sentencia de Jesús crea un desconcierto entre los oyentes. Todos piden más de una justificación de sus expresiones. Jesús, los llama y les recalca. Pide que lo escuchen y que lo entiendan. La reflexión de Jesús es una invitación a renovar criterios respecto a la verdadera fuente de la que brotan la impureza o pureza. Nacen del corazón de cada persona. Las restricciones en torno a los alimentos pierden su fuerza porque no deben formar parte del motivo para cualquier disgregación. El ser humano, cualquiera que sea su procedencia, tiene que volver a mirar su interior para que pueda purificar sus impurezas. Jesús enumera una buena cantidad de malas intenciones. Las maldades salen del corazón porque manchan al hombre. En el desarrollo posterior de la actividad misionera de Jesús cada curación en territorio pagano va a reafirmar otra verdad tan clara como el agua de un riachuelo: la fe verdadera purifica toda posibilidad de contaminación. La verdadera moral de la persona proviene del corazón de quien ama sin condiciones. Que quiere identificarse con el corazón de Jesús que late con una pasión incontenible. Su palabra cuestiona. (O)
