Santiago Armijos Valdivieso
Con la llegada de la Virgen de El Cisne a Loja, la fiesta se enciende y los lojanos nos aprestamos a recibir una gran cantidad de turistas.
A la devoción religiosa se suma la feria comercial, cuyo propósito es dinamizar la economía y brindar esparcimiento y diversión a todo un pueblo.
Precisamente, en el teatro Benjamín Carrión, el 29 de agosto de 2024, se inauguró la 195 Feria de Loja, y con ello, las grandes puertas del recinto ferial, ubicado en Jipiro, se abrieron para dar paso al mayor encuentro comercial de la región que unirá a cientos de comerciantes y miles de compradores.
Este acontecimiento no es menor si consideramos que es la más conveniente oportunidad para que miles de familias de Loja y su provincia realicen compras, a precios accesibles, para el aprovisionamiento de productos, vituallas y enseres para atender sus necesidades hasta el año siguiente. Digo esto, especialmente, para quienes no siempre tienen la posibilidad de salir a otras ciudades y países, quienes son la gran mayoría.
La tradición de asistir a la feria se remonta hace muchos años, pero por solo mencionar a aquellos en los que fui un niño, es decir en la década de los setenta del siglo pasado, debo decir que la fiesta ferial se realizaba en las instalaciones del colegio Técnico Daniel Álvarez Burneo y acudir a ella resultaba una maravilla. Eran tiempos en los que salir de Loja no resultaba fácil y todo llamaba la atención, especialmente a los niños, cuya felicidad se saciaba con muy poco: subir a la rueda moscovita, comer una funda de huevos chilenos con mucha azúcar, adquirir algún juguete de plástico, saborear una manzana con caramelo, disparar a las cajas de chicle, jugar al futbolín o asistir a una función de títeres cantores. Todo ello pagado con los fondos de las «medidas de la feria» (sucres regalados para la ocasión por nuestros abuelos, padres y tíos).
Posiblemente, ahora, cuando vivimos en un mundo globalizado en el que las sofisticadas novedades del mundo son conocidas al instante, gracias a la magia blanca y negra de las redes sociales, una feria local no genera mayor expectativa. Sin embargo, siempre habrá que tener presente que el evento tiene como principal propósito el encuentro con nuestro origen de pueblo religioso, cantor, bohemio y amable, al que le gusta saborear bocadillos, blanqueados, música, nostalgias e historias, con la dulce compañía de familiares y amigos.
Sin duda, recorrer el recinto ferial, respetar las filas, participar de las distintas actividades comerciales, culturales y musicales del evento, y formar parte de esa feliz marea humana que se desplaza en la fiesta; resulta una suerte de rito tradicional en el que confirmamos nuestra identidad con Loja y con nuestra sana predisposición para encontrar chispazos de felicidad en las cosas simples de la vida.
Vayamos con entusiasmo a la 195 Feria de Loja. Al hacerlo, rendiremos honor a nuestra tierra, a nuestros ancestros y a nosotros mismos. (O)
