Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Como preludio, realizo una reminiscencia al autor Eduardo Galeano de su monumental obra “Las Venas Abiertas de América Latina”, cuando asevera que siguen sangrando, yo consecuente y consiente a la verdad y cruda realidad actual, concuerdo con esta afirmación y patetizo en que siguen sangrando con la misma intensidad.
Con la conquista española, a nuestra América India, que se convirtió en una inquisición racial, en exterminio demencial y en explotación conmocional, contumaz violación a las existencias humanas y a los tesoros ocultos de las entrañas de las tierras vírgenes; a tus hijos valerosos les mutilaron sus manos callosas y sangrantes, cercenaron sus brazos curtidos y lacerados, entullecieron sus cuerpos vigorosos y bronceados, al fragor del látigo, la humillación, la crueldad y de la explotación de las genésicas capacidades físicas sobrehumanas de los nativos.
América, tus exuberantes selvas de belleza prístina, edenes y paraísos terrenales, los pisotearon; arcanos recónditos, aves fénix que enternecen y embriagan el espíritu; plantas exóticas que exhalan la esencia de sus néctares; musas angelicales circundadas de arco iris, son tus terruños; deidades y ninfas hermosas, arcanos recónditos violados y mancillados sin escrúpulos; ópalos de fuego de traslucida belleza; playas silentes y sosegadas, fascinación en la hontonanza de tus tierras; efluvios sutiles cual beso del ósculo en el aura apacible, exóticos espacios sutiles e iridiscentes, son los colores y matices de tu firmamento infinito, que refleja la luz montesina matinal, arrullada con céfiros apacibles, es América tu horizonte.
Así se eternizó el oprobio incesante e inquisitivo, el hastío, la vejación, la imposición y diatriba audaz, perturbadora delincuencia, abominables artífices foráneos, extranjeros envilecidos contra el linaje puro de una raza libérrima heroica, patriarcas originarios del Nuevo Continente, de América India, cuna de nobleza espiritual y patrimonio de grandeza, de raza genuina y legendaria.
Originarios Americanos, patriarcas ancestrales de nuestra raza, sangre que circula por nuestra venas, cultura inmaculada que nos enorgullece y distingue con predilecto afecto; la nobleza de tus sentimientos, y la honradez de tus principios, los guardamos celosamente como a un tesoro preciado de nuestra herencia; raíz y germen del Nuevo Mundo, originario de cultura autóctona, de costumbres genuinas y cultos históricos, procedentes del rayo, del sol y de la luna, del agua y del volcán; adoradores de la ignota naturaleza; inmoladores de vidas y destinos con firmeza de fe, con augurios de redención y salvación, de protagonismo de heroísmo, porque en el más allá la vida continua, así les inculcaron, y para salvarse, se requiere del rito sagrado apropiado.
América, cunado diezmaron a tus hijos, destruyeron tus pueblos y campos, el silencio sepulcral y las tinieblas tétricas, cual fantasmas apocalípticos, asolaron la alegría, la templanza, el germinar de tus huertos, y se vistió de luto el horizonte, el sol se opacó, y la luna reflejaba en los senderos, cañadas y sabanas, la macabra y cruenta brutalidad, era una larga noche de tedio y desolación; la sangre inocente vertida, clamaba justicia y venganza contra los perpetradores del más horrendo fratricidio, brutal genocidio y masivo asesinato.
El yugo español solo nos dejó una herencia esclavizante, que succionó la mente, el corazón y el cuerpo, latrocinio que practicaron con sagacidad y perversidad, la destrucción insolente de la naturaleza prodigiosa y el sadismo voraz contra la cultura y costumbres aborígenes, son heridas sangrantes que nunca cicatrizaran.
La historia fidedigna y los tribunales del planeta, han condenado con rigor, los actos de deshumanización procaz, perpetrados al corazón, a la mente, a la vida, y a la dignidad soberana de una raza, a sus derechos incólumes, a su cultura y a su patrimonio sagrado; este es un recuerdo dimensional fúnebre y un pedernal, para que nunca más, se perpetre esta paranoia bestial, actos tóxicos para la paz universal.(O)
