Persiste la inseguridad en Quito

Santiago Armijos Valdivieso

Hace pocas semanas visité Quito y la verdad es que, sin dejar de reconocer su belleza urbana, sus encantadores paisajes y sus imponentes montañas y volcanes, la sentí una ciudad peligrosa, insegura y frenética.

La congestión vehicular, que siempre la afecta, algo menguada por las vacaciones de los estudiantes en agosto, seguía siendo exasperante y contaminante. Tanto es así que, cualquier movilización en la ciudad, por más corta que sea, debe ser meticulosamente planificada, bajo pena de sufrir contratiempos, accidentes, ansiedades e impuntualidades.

Al igual que muchas ciudades ecuatorianas, la capital está asfixiada por motocicletas que en su mayoría transitan en zigzag, a velocidades prohibidas y sin respetar las señales de tránsito para imponer el caos en cada calle, avenida o redondel en el que circulan.

De otro lado, Quito no es ajeno a la invasión de sus esquinas y veredas por cientos de venezolanos, quienes pugnan por sobrevivir el exilio impuesto por la monstruosa dictadura Madurista que persiste en atornillarse en el poder, en medio del repudio de los llaneros y de casi el mundo entero.

A pesar de esa suerte de coctel de adversidades decidí caminar por algunas calles de la gran urbe. Lo hice desde la avenida Naciones Unidas, sector norte de la ciudad, hasta la Avenida 6 de Diciembre y Gaspar de Villarroel. Esto sucedió un sábado de agosto, a las 3 de la tarde, en un claro y soleado día, en el que la gente caminaba tranquila con niños y sus mascotas para disfrutar de la calma del fin de semana.

¡Pero cuál fue mi sorpresa! Mientras caminaba por la avenida 6 de Diciembre, a la altura de la calle Portete, un delincuente motorizado se subió a la vereda, invadiendo vía, y sin bajarse de la motocicleta me arranchó el celular en fracción de segundo, con una experticia malévola, propia de quien tiene la perversa costumbre de delinquir a diario.

Con la misma velocidad con la que me propinó el manotazo y se robó mi celular, el bribón huyó hacia alguna madriguera, ante mi impotencia y la indignación de varias personas que presenciaron el cometimiento del delito.    

Según estadísticas de la Policía Nacional (referidas por el canal de televisión Teleamazonas) en el 2023 hubo 6000 denuncias por robo de celulares en Quito, mientras que, hasta mayo de 2024, se contabilizan 2400 casos. Sin duda, esas cifras revelan la dimensión de este tipo de fechorías que no son otra cosa que el reflejo de la inseguridad que sigue afectando a Quito y al Ecuador.

En mi caso, a más del susto, la frustración y la pérdida material, Dios que es bueno, impidió que el robo estuviera acompañado de una cuchillada o algo por el estilo. Realidad que no ha sucedido con otras víctimas, quienes han perdido sus vidas en robos de artículos similares.

¿Qué le sucedió al Ecuador en estas últimas décadas, otrora país de paz, y ahora uno de los más inseguros del continente? Seguramente, habrá muchas respuestas al respecto, pero me quedo con la que apunta al pésimo accionar acumulado de la politiquería ecuatoriana que ha bloqueado toda posibilidad de solución a los graves problemas sociales que tienen en jaque a la Nación. Lastimosamente, esa es la realidad, aunque nunca habrá que perder la esperanza de que el país encuentre el sendero del desarrollo y un mejor porvenir para sus ciudadanos.