El valor de la tolerancia

P. Milko René Torres Ordóñez

San Marcos narra una historia costumbrista, parecida a las que vivimos nosotros, de gente sencilla con apegos que rayan en el egocentrismo. La enseñanza de Jesús, nos introduce en una relectura de la vida de Moisés acerca del espíritu que acompaña a dos personajes que no pertenecían al grupo de los ancianos.

Juan, discípulo amado e hijo del trueno, ha encontrado a alguien que tiene poder para hacer exorcismos y quiere impedir su accionar porque cree que solamente Jesús puede obrar milagros. La enseñanza de Jesús contiene elementos que nunca dejan de sorprender. Su mente y su corazón son universales. Dispuesto a mirar las cosas de otra manera. Su pedagogía innovadora plantea otra manera de comprender cuanto sucede. Le exhorta a que no le impida hacer lo que hace. Quien obra en función del bien de los demás no actúa en contra de Él.  Los exclusivismos no forman parte de su kerigma. Todos estamos llamados a obrar correctamente. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, merece buen trato, mucha ayuda y adecuada orientación.

En el Evangelio de Marcos subyacen todavía las tentaciones referentes a la ostentación de la grandeza y del falso orgullo. Las palabras de Jesús conllevan un sosegado discernimiento acerca de la tolerancia y la magnanimidad. El mensaje de Jesús, tan actual e inédito, pretende evitar la exclusión sectaria, el monopolio del poder, porque son actitudes que no son propias de un cristiano. Al eliminar cualquier tendencia al narcisismo el cristianismo debe acoger las acciones de todo hombre de buena voluntad. Jesús vino a amar y a servir. A recordarnos que la esencia del amor radica en dar la vida por sus semejantes. Nos pide que evitemos todo motivo de escándalo.

En la cristología de San Marcos el verbo “escandalizar” significa un obstáculo contra la fidelidad de la palabra y la persona de Jesús. Hay que poner los medios necesarios para eliminar la raíz que suscite cualquier escándalo. En el corazón del hombre se encuentra el origen de las malas acciones. En estos días oscurecidos por la ausencia de energía eléctrica encontramos otras razones para ver la realidad de manera contemplativa. La luz que tanta falta nos hace genera la búsqueda de nuevos espacios para disfrutar del universo creado. He visto y he escuchado a algunas personas valorar la belleza de la noche estrellada. No expresan ninguna molestia ante un panorama marcado por el atentado a la casa común. Antes bien, contemplan las estrellas, una por una. Disfrutan de un tejido cósmico único y maravilloso.

Entiendo, de esta manera, que es posible contemplar el esplendor de la creación sin la mínima señal de enojo. Los hombres cargamos sobre nuestra espalda el peso del egoísmo concentrado en la lucha por sumar necesidades. Jesús, en cada página del Evangelio, lanza la semilla de la perfección. Nuestra vida, con sus consecuencias, ofrece el campo propicio para hacer posible que broten las mejores plantas y cosechemos los frutos apetecibles. Jesús vive en nosotros. Quiere que sembremos esperanza en abundancia. Junto a Él caminamos bajo la sombra de la tolerancia y la universalidad del amor. No puede pensarse en otra cosa que evitar caer en la impaciencia.