Encuentro casual en el parque Bolívar de Loja

Hernán Ibarra, profesor e investigador de la Flacso Ecuador

Mi relación con los monumentos es circunstancial y carente de emociones.  En Loja, hay un monumento a Bolívar en el Parque que lleva su nombre; el tamaño de la estatua del libertador no es gigantesco, pero si algo grande. Hay seis columnas atrás de su figura y adelante seis soportes de los escudos coloridos de las naciones constituidas luego de los procesos independentistas; dos cañones apuntan hacia el horizonte. No hay placas ni leyendas que acompañen al prócer. ¿Qué significa Simón Bolívar en este tiempo posnacional? Hugo Chávez, el desaparecido presidente venezolano elevó a Bolívar al firmamento del pensamiento: “un pensador que cada día que pasaba se hacía más social, más revolucionario y más socialista”, sostuvo en 2007. En el ocaso de la revolución bolivariana, creo que Bolívar pesa menos para los ecuatorianos y peruanos que para los venezolanos.

El día está algo soleado y sentado en una banca de madera, soy un espectador de la gente que transita en el parque mirando también a quienes están en otras bancas. De pronto una mujer se sienta a mi lado, me saluda y dice que está desde la mañana esperando a su marido que ha quedado en verla. Le dije que tiene paciencia para esperar tanto tiempo, que debería fijar una hora para no aguardar en vano. Y así es como aparece otra mujer a mis espaldas y afirma que es cuñada de la otra que conversa conmigo. Luego se acerca otra mujer que les dice que está fregada sin celular, ha visto uno que vale treinta dólares y le parece muy caro. Así que termino en medio de tres trabajadoras sexuales. Una de ellas, la del celular, me había hecho señas antes y me reconoce.

A la distancia está una trabajadora sexual. Habla animadamente con su celular.  Es joven y tiene un vestido a rayas muy ajustado que deja ver unas piernas torneadas.

–          La venezolana se cree muy chévere dice una de ellas.

El trío que me acompaña por esas casualidades de la vida, calculo, anda por edades alrededor de los cuarenta, están vestidas de manera discreta, poco maquillaje y más cerca de la idea de ama de casa, no siento perfume escandaloso. Supongo que soy un posible cliente y están allí para ver si resulta algo conmigo. Mucha oferta para una demanda reacia. En otro lugar del parque están algunos policías con sus motos estacionadas.

Se dice que el parque Bolívar es un lugar peligroso. El ambiente de los alrededores es de restaurantes, tiendas, hoteles; cerca pasa el rio Malacatos con su corriente lánguida y turbia. Hago mutis por el foro y me dirijo al mercado de Loja en busca de alguna comida típica que me insufle de espíritu lojano. Simón Bolívar es el mudo testigo de este casual e inesperado encuentro.