Cien años de soledad, a la pantalla

Santiago Armijos Valdivieso

Netflix, la gigantesca plataforma de contenido audiovisual, anunció con bombos y platillos que el 11 de diciembre de 2024 estrenará la serie de televisión Cien años de soledad. La serie tendrá dos temporadas de ocho episodios cada una. La primera comenzará en la fecha indicada. Laura Mora, una de las directoras de la producción, dijo que para desarrollar su trabajo ha intentado entender la diferencia entre el lenguaje literario y el audiovisual a efecto de construir imágenes que reflejen adecuadamente la genial novela del Nobel Gabriel García Márquez. El otro director, Alex García López, expresó que dirigir el proyecto fue un desafío y una aventura. En abril de 2024 la producción brindó un abrebocas a los fanáticos macondianos con un primer avance de la serie, en el que Claudio Castaño, quien, interpreta al coronel Aureliano Buendía, asoma en una escena en la que de pie hace frente a un pelotón de fusilamiento.

La expectativa por tan novedosa serie de televisión es enorme, dado que llevar a la pantalla chica el extraordinario mundo de Macondo, construido por uno de los pontífices más encumbrados de la literatura, para mezclar magia y realidad, nunca será tarea fácil. Y menos aún, cuando la historia escrita alcanzó la perfección, basándose en la descripción de una dimensión paralela descrita en profundas y hermosas frases como por ejemplo: “Uno no se muere cuando debe, sino cuando puede” (lo dijo el coronel Aureliano Buendía) ; “El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad” (también lo dijo Aureliano Buendía); “Ella encontró siempre la manera de rechazarlo porque, aunque no conseguía quererlo, ya no podía vivir sin él” (se refiere a Amaranta); «Se sintió olvidado, no con el olvido remediable del corazón, sino con otro olvido más cruel e irrevocable que él conocía muy bien, porque era el olvido de la muerte» (así se sintió José Arcadio Buendía); o, “El llanto más antiguo de la historia del hombre es el llanto del amor” (esto lo reconoció Pilar Ternera).

Me resulta muy difícil creer que los productores de la serie logren construir una historia audiovisual a la altura de la hecha con letras, frases, oraciones y páginas; pero a la vez aplaudo que se hayan atrevido a hacerlo. Al fin y al cabo, si lo logran, con manos de alquimistas audiovisuales, y respetan los cánones más sagrados de la inigualable novela de Gabo (genialidad y belleza), los lectores les agradeceremos porque podríamos contrastar entre lo que la fabulosa ensoñación de la lectura nos dejó frente a la no menos extraordinaria hechicería que nace del arte de las imágenes y del sonido.

Entre los requisitos básicos para que la serie triunfe resulta innegociable que los personajes icónicos alcancen el nivel que el caso amerita, especialmente: Úrsula Iguarán, la sabia y paciente matriarca de la familia; Remedios La Bella, quien de tan hermosa subió al cielo en cuerpo y alma y nos dejó a todos enamorados en la tierra; o Melquíades, el gitano forzudo y gigantón, quien le enseñó a José Arcadio, los imanes, el astrolabio y el gabinete de alquimia.

¡Ah!… y en las escenas no se debería olvidar que algunos de los Buendía nacieron con cola de cerdo, como consecuencia de tanto amarse y copular entre ellos; y que el tren que llegó a Macondo estaba adornado de flores amarillas.

En la serie tampoco se debería excluir el maravilloso pasaje de la novela, en el que, cuando murió el buen José Arcadio Buendía cayó toda una noche sobre Macondo, una llovizna de minúsculas flores amarillas que cubrieron los techos, atascaron las puertas y sofocaron a los animales que durmieron a la intemperie, haciendo que las calles amanecieran tapizadas de una colcha compacta que debió ser despejada con palas y rastrillos para que pudiera pasar el cortejo fúnebre.

Solo resta esperar con ansiedad e impaciencia que llegue el 11 de diciembre para saber si la serie puede acariciar las inalcanzables cumbres de la novela. ¡Oportunamente, lo comentaremos!