Viviendo en la oscuridad

Nombre: Juan Carlos Chuncho Morocho

Correo: jc.consultinge@gmail.com

Me gustaría hablar con datos, con estadísticas que pinten una imagen exacta de lo que enfrentamos, pero la realidad supera cualquier cifra. Hoy, vivimos una oscuridad que va más allá de los apagones: es una oscuridad moral, social y política que nos está consumiendo. ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Cómo es posible que, en pleno siglo XXI, una nación entera se quede a oscuras, no solo en sus calles, sino en sus esperanzas?

Hubo un tiempo no muy lejano en que Ecuador avanzaba, en que las luces del progreso parecían brillar. Con todo lo que se pueda criticar a los gobiernos anteriores, no podemos negar los aciertos que marcaron un camino: educación de calidad, becas que abrían horizontes y una infraestructura que nos acercaba al futuro de éxitos. Sin embargo, hoy, en esta oscuridad, esos logros parecen desvanecerse, olvidados, a propósito, por un presente y que ha conducido a más de seis millones de ecuatorianos a la pobreza.

Es desconcertante ver cómo, en lugar de aprender de ese pasado, muchos en nuestra sociedad han llegado a ver como virtud el rechazar todo lo que esos gobiernos anteriores lograron. Algunos creen que ser opuestos a esa historia les otorga estatus o superioridad, como si la negación de los avances fuera una forma de mostrarse independientes o críticos. Pero el rechazo por el simple rechazo no nos lleva a ninguna parte. Al contrario, nos condena a olvidar los avances y a quedarnos atrapados en la oscuridad del presente.  

El gobierno actual, lejos de corregir errores o construir sobre lo que se había hecho bien, nos ha sumido en el caos. Defender esta gestión es defender el fracaso, es aceptar la mediocridad como norma. Es olvidar que quienes nos trajeron hasta aquí lo hicieron a costa de nuestra luz, de nuestra dignidad como pueblo.

En este punto, me viene a la mente lo que ofrece el poder económico, meras ilusiones, a cambio de votos, para ya en el poder, con su grupo, festinar las riquezas del Estado, es decir del pueblo. El pueblo a pesar de ser llevado a la pobreza y humillado, manipulado por las estrategias mediáticas, lo sigue por las migajas que cumple.  En nuestra desesperación, nos conformamos con esas migajas, olvidando que alguna vez fuimos más, que alguna vez tuvimos más.

Hoy vivimos en la oscuridad, pero esta no es solo una cuestión de electricidad. La oscuridad es el reflejo de un país que ha perdido su sentido de rumbo, que se ha acostumbrado al deterioro y al conformismo. Estamos ante un momento crucial, uno en el que debemos decidir si seguiremos aceptando las migajas que nos lanzan o si recuperaremos el control de nuestro destino. Las luces no solo se encienden con electricidad, se encienden con la voluntad de un pueblo que debería negarse a vivir en la sombra. Es hora de salir a la luz de la dignidad.