Dios está muerto y lo hemos matado

Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta

Una de las frases más celebres de todos los tiempos es la escrita por Friedrich Nietzsche en 1882, filósofo alemán, es una las frases más conocidas del filósofo alemán, en razón de que en primer lugar el filósofo tiene ideas más dignas de ser recordadas en el imaginario popular y en segundo lugar porque esta frase comúnmente es mal interpretada; Nietzsche no está hablando literalmente, estaba anunciando una nueva era en la historia de la humanidad, en la cual un nuevo sistema de valores debía reemplazar la antigua moral cristiana.

La frase dramática de Nietzsche: “Dios ha muerto y sigue muerto, y lo hemos matado”, pretende capturar la realidad impactante de esta revelación para aquellos quienes fueron creados religiosamente; la religión personalizaba el mundo, les daba la sensación de que el mundo tenía un propósito y de que eran parte de un plan mayor les daba el consuelo de que a pesar de las apariencias, todos somos iguales y queridos, y que después de la muerte en lugar de una tumba fría nos espera en final feliz.

Pero en el mundo moderno nos resulta cada vez más crecer en esos valores; hemos visto el dramático ascenso de la ciencia que ha ofrecido realidades menos cómodas a preguntas sobre lo que la religión tradicionalmente tenía el monopolio.

Nos hemos desprendido de las cadenas del feudalismo que eran la aceptación incuestionable de la autoridad y nos hemos hecho más individualistas y naturalistas en nuestro pensamiento; pero en el tiempo histórico todo esto ha sucedido muy rápidamente; durante milenios hemos sido religiosos, pero llegado el siglo XIX inclusive el hombre promedio había podido oír que la religión podía haber llegado al final de su camino; para la mayoría de nosotros incluso la sugerencia implica una crisis.

Culturalmente, dice Nietzsche, somos como un joven que ha perdido temporalmente sus padres y que en su adolescencia entra repentinamente en esa transición; desde que tenemos memoria nuestra sociedad ha confiado en Dios Padre para cuidar de nosotros; pero ahora de repente nos quedamos huérfanos, nos despertamos una mañana para descubrir que en el fondo de nuestro corazón, las ingenuas creencias religiosas de nuestra infancia se han marchitado; así que ahora nos guste o no, una pregunta surge en nuestra mente: como enfrentamos la posibilidad ante un mundo sin Dios y sin religión.

En el siglo XIX dice Nietzsche, la mayoría de la gente, no se enfrentaba bien a esa pregunta, la mayoría de la gente evita el tema sintiendo que incluso enfrentarla podría entrar en territorio peligroso; la vida sin religión es demasiado aterradora para contemplarla, pero lo que reitera una zona segura de creencia y se repite nerviosamente las fórmulas que han aprendido sobre la fe.

Lcdo. Augusto Costa Zabaleta

Ced. #: 1100310455