Benjamín Pinza Suárez
En la mayor parte de los medios de comunicación y, más aún, en las redes sociales, hay una desbordante eclosión de palabras y mensajes que espantan por la grosería y la falta de respeto y consideración a las personas que piensan diferente, sin darse cuenta que eso de pensar diferente es lo que, precisamente, distingue a las personas inteligentes, porque si todos pensáramos igual, el mundo sería un conglomerado de fantoches, peleles o espantapájaros.
Las palabras generosas que salen del alma tienen el enorme poder de transformar la crueldad, en sana herida; lo áspero, en seda fina; lo indiferente, en atrayente; lo decepcionante, en gratas sorpresas; la enemistad, en la mejor oportunidad para reconquistas amistades perdidas. De ahí que es muy saludable, caminar todos los días con entusiasmo y siendo sinceros y honrados en lo que pensamos, decimos, creemos, prometemos y obramos; desechando y votando al tacho del olvido todo lo nocivo, lo que nos daña el día: las mentiras, los engaños, las pequeñeces humanas y, en su lugar, actuar con altura y probidad, porque todos esperan de cada uno de nosotros un comportamiento serio, justo, desinteresado, siendo útiles a los demás.
Hay que seguir caminando y pensando con altura, abriendo nuevos y fértiles surcos, reconociendo los propios errores sin culpar a nadie de nuestras mediocridades, frustraciones y miserias humanas. Por supuesto que en una sociedad hay de todo, desde los clásicos amargados y enfermos de odio hasta las personas honorables; desde los que todo les aburre, hasta personas tolerantes; desde los insultadores hasta los respetuosos de sí mismos; desde los pequeños de alma, hasta los hombres de estatura moral e intelectual.
Ya se acerca la campaña electoral y los medios de comunicación no pueden convertirse en caja de resonancia para la diatriba, el insulto procaz y para hacer trizas el honor de las personas. Los políticos deben ser los primeros en dar lecciones de respeto al adversario, porque solo recurren al insulto los que carecen de buena información, de conocimiento, de capacidad de análisis, reflexión, propuesta y tolerancia. Una persona respetuosa y que maneja el valor de la tolerancia, por lo regular es tranquila, equilibrada, serena, amable, espontánea y con una enorme dosis de inteligencia emocional; se caracteriza por su compromiso con los demás y con las causas solidarias y justas. Es que la inteligencia emocional es la capacidad de controlar el manejo de impulsos frenéticos en forma positiva, aún en situaciones adversas, agresivas y violentas, posibilitando comprender los estados de ánimo de los demás, trabajando con actitud empática y social en busca de rutas seguras para el desarrollo, la justicia, la equidad y el bienestar para todos y no, actuando por interés individuales y mezquinos.
Entonces, los debates deben convertirse en las mejores escuelas para el pensamiento ilustrado, para las propuestas inteligentes y sabias que permitan sacar a una ciudad, provincia y país adelante; en donde la buena palabra, la exquisita elocución, el verbo convincente, persuasivo y el respeto al contertulio, sea la norma que distinga su accionar como ciudadano de bien y como patriota, dando, con su recia actitud, un buen ejemplo para los niños, los jóvenes, adultos y las personas de edad que no anhelan ver y escuchar peleas callejeras, sino que ansían vivir en un país de paz, de fraternidad, de esencia humanista, de prosperidad y de convivencia civilizada.
