Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
La sospecha que de acuerdo a su acepción de la Real Academia Española, significa: aprender o imaginar una cosa por conjeturas fundadas en apariencias o visos de verdad; desconfiar, dudar; recelar de una persona; y la palabra inseguridad, que es definitivamente la falta de seguridad, el temor de que se violente algo que se cree que es verdadero de cumplir; es un estado de una experiencia que no es sólida y verdadera y de fiel cumplimiento; contradictoria a la seguridad ánimo, de creencia, libre y exento de todo peligro, fallo o riesgo, de lo cierto, infalible, ajeno de sospecha.
El intuir la sospecha, congestiona un estado de vigilia con una duda aniquilante, para poder tener la plena seguridad de que habría un fiel cumplimiento de algo que esperamos, anhelamos o ansiamos, y lógicamente a este estado aniquilante de inseguridad, coadyuvantemente, surgen estados negativos de tranquilidad, de paz y de certeza, agitando con violencia la preocupación, un estado incierto de la verdad, de la integridad y de la inefabilidad.
La sospecha se traduce en desconfianza, de esa duda que es elemento integrante de la mente, del corazón y de la voluntad humana, realidad que es una providencia que nos brinda gratuitamente la experiencia, y que palpamos casi rutinariamente como fruto de la circunstancias vividas, de los actos sorprendentes que la vida, los años y las personas han perpetrado, por cuya razón, nunca podrá sorprendernos, al considerar que nada puede sobrevenirnos peor de lo que esperamos, y por otra consideración más verdadera, de que no existe desazón y soledad, más completa, que la sospecha, la inseguridad y la desconfianza en todo y en todos, porque no se puede augurar un acto pesimista, y la desconfianza producto de la sospecha, que robustece la inseguridad, es la oración fúnebre de la tumba del éxito.
En otra realidad, nuestro intelecto nos previene, que es absolutamente lógico desconfiar con inseguridad de todo lo que no podemos explicarnos y comprender fácilmente; a la vez que confiar en todo es una necedad, desconfiar de todo es una locura, y desconfiar de uno mismo, es un acertado paso de la sabiduría y del éxito.
Es lógico que, de la inseguridad, generada por la sospecha y la desconfianza se justifica el engaño; la fortaleza y la confianza extrema, son traicionadas por el engaño y que la desconfianza es el principio del odio; no debemos dejarnos abatir por la sospecha y la inseguridad, se debe trabajar con gran vehemencia e intelecto por plasmar la certeza, la seguridad con aplomo, y si debemos acertar en que sospechamos, de lo que mucho nos equivocamos, de que somos imperfectos y de que mucho erramos.
Nunca se consultan con la razón las sospechas, ni la inseguridad se detiene a sondear las cosas, la mayoría de las veces, concluimos y emitimos un veredicto, inclinados por las suposiciones, por las paciones, por los intereses creados y por las conveniencias personales.
La seguridad es estimada coma la virtud del amor, y más vale ser censurado por el exceso de seguridad que ser arruinado por inseguridad y reflexiva, porque el exceso de inseguridad siempre contrae el peligro inminente, y la seguridad es la más crédula, así como no sospechar de nada nunca, y tener una confianza excesiva, conduce siempre a un peligro, que el momento más insospechado se produce inesperada y incalculadamente; es preferible ver en la vida un peligro, que fiarse ciegamente a la seguridad integral.
En la misma medida hierra el confiar de todo, como en desconfiar de todo, las sospecha es plata y la seguridad es oro; la sospecha habitual, se convierte en una inseguridad como habito, y la seguridad permanente se convierte en un éxito; no obres y sospeches por maldad, sospecha por lógica y razón, porque la esencia humana es intelecto y verdad; la sospecha en raras veces te salva, la seguridad íntegramente te salva siempre; quien vive en permanentes sospechas, sospecha hasta de sí mismo, porque la inseguridad lo convierte en irreal.
Las traiciones, la deslealtad, el olvido y la abolición de los valores humanos, de la ética, la lógica, la cívica; el irrespeto, la práctica de hechos prohibidos y la pasión por los valores materiales, han proliferado las sospechas, la inseguridad y un descalabro en la firmeza, en la seguridad y en la desconfianza.
Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Ced. #: 1100310455
