Numa P. Maldonado A.
La situación de aguda crisis en seguridad, déficit energético y falta de empleo, para resaltar solo tres aspectos que agobian al país de estos, resultado de desgobiernos que nos están conduciendo a un Estado fallido, debe hacer reflexionar a los candidatos a nuevas autoridades, tanto en el poder ejecutivo como legislativo para, si en realidad desean iniciar, con bases firmes, un verdadero cambio hacia un nuevo Ecuador, sobre en los tres siguientes asuntos (aclaro que no soy ni pretendo ser ningún politólogo, sino solo un ciudadano común que emite su opinión pretendiendo interpretar el anhelo popular por mejores días).
1. Dar abajo todas las nefastas normativas que sostienen el actual y devaluado sistema político nacional, que ha destruido la democracia y ha permitido el crimen organizado, la impunidad y la corrupción, y acercarnos cada vez mas a un Estado fallido. Lo que significa depurar la justicia, incluidos el TSE y todos los órganos de control del Estado, el gran botín partidista. Si lográramos elegir en los próximos comicios electorales autoridades y representantes probos y honrados, se podría abrir una esperanza de mejores días.
2. Proponer y ejecutar seriamente Sistemas Integrales de Salud y Educación, orientados al Bien Común. No a una determinada ideología o a un grupo económico, como siempre se ha hecho. En Salud, lograríamos disminuir la desnutrición infantil y proyectar una población sana; en educación, una juventud mejor preparada, con valores y pensamiento crítico.
3. Terminar con las viejas y poderosas mafias que manejan por décadas los fallidos planes de Seguridad Social y de aprovisionamiento energético, mafias en manos de vendepatrias y corruptos, aliados al crimen organizado y únicamente interesados en mantener un creciente status económico y de poder. Estas mafias, aliadas con falsos lideres gremiales y siempre con altos funcionarios de los gobiernos de turno, que incluyen a mandatarios corruptos, están tan bien posesionados en las papeles de saqueadores impunes de los recursos naturales del país y de los ahorros de la gente, dos esplendidos negocios, a los que se aferran con unas y dientes a su único y nefasto cometido: el aprovechamiento ilícito de dos seguras fuentes de ingresos. Sin que les importe las repercusiones negativas en la economía del país y el bienestar de las grandes mayorías.
Sobre este asunto y ante la vecindad del próximo evento electoral, la pregunta que muchos nos hacemos es la siguiente: De tanto candidato para mandatario y asambleístas, ¿será posible elegir a los mejores? ¿Ser lo suficientemente responsables para, reconociendo nuestros errores del pasado, no volverlos a cometer?
