Campos Ortega Romero
Uno de los hechos notables en la historia de la lucha social ecuatoriana lo constituye la Huelga General de Trabajadores que tuvo lugar en la ciudad de Guayaquil en noviembre de 1922, y que concluyó en la masacre de miles de trabajadores el 15 de noviembre de ese año a manos de la milicia y la policía, detallamos que nuestro País atravesaba una crisis económica producto del brusco descenso del precio internacional del cacao. El encarecimiento del costo de la vida y la posterior devaluación de la moneda que produjo inflación y con ello trajo el descontento entre la población.
El conflicto comenzó por un reclamo por atrasos en los sueldos a los trabajadores ferroviarios en la base de Durán, cuyo número era el más grande del país ya que en esa empresa trabajaban alrededor de 1.250 trabajadores. Otras organizaciones de artesanos, vendedores, trabajadores de los carros urbanos de la ciudad paralizan sus actividades el 7 de noviembre, y los trabajadores de la empresa eléctrica también se sumaban a los reclamos y reivindicaciones. El movimiento huelguístico se fue extendiendo y la jornada no fue violenta, sin embargo, los sindicalistas dejaron sin agua, sin alumbrado y sin transporte público a la ciudad. La huelga se vuelve total el 13 de noviembre, la ciudad se paraliza y los mercados quedan desabastecidos. La Federación Regional de Trabajadores del Ecuador FRTE se hace cargo con el control del casco urbano de la ciudad.
Los historiadores reseñan que: el 14 de noviembre de 1922 miles de huelguistas desfilan hacia la Gobernación del Guayas y entregan al gobernador un manifiesto con sus peticiones. Los huelguistas de la FRTE determinaron un plazo de 24 horas para la respuesta del presidente José Luis Tamayo. El presidente ordenó el reingreso en la ciudad de la policía, indicando al General Barriga, Comandante de la Zona de Guayaquil: «Espero que mañana a las seis de la tarde me informará que ha vuelto la tranquilidad a Guayaquil, cueste lo que cueste, para lo cual queda usted autorizado».
¡¡¡El 15 de noviembre de 1922, a las 3 de la tarde, 20 mil hombres, mujeres y niños en las calles del puerto, la Federación regional de trabajadores, la Confederación Obrera del Guayas, los ferroviarios de Durán, la Sociedad de Cacahueros, la Sociedad de 30 de Julio, los trabajadores de la Arsenal, la Asociación Gremial del Astillero, los trabajadores de la empresa eléctrica, la Sociedad de Tipógrafos, la Sociedad de Estibadores, la Sociedad de Joyeros y Plateros, la Sociedad Nacional de Empleados, representantes de la Artística de Pichincha, trabajadores de Riobamba, Ambato, la Liga Obrera del Guayas, los empleados del servicio sanitario, los empleados de comercio, los trabajadores de la proveedora de agua del cuerpo de bomberos, de los tranvías y carros urbanos, de aseo de calles, los vendedores de periódicos, el centro feminista La Aurora, la agrupación Rosa Luxemburgo, la escuela taller de la Liga Obrera, la Sociedad de Plomeros y Gasfiteros, la Sociedad de Areneros, los trabajadores de las fábricas, aserríos y talleres San Francisco, Santa Rosa, Molino Nacional, la Fama, el Progreso, la Roma, la Universal, la Jabonería Nacional, Casa Americana, la María, La Iberia, San Luis, Cervecería Nacional, Casa Biting, La Corona, todo Guayaquil, menos los ricos!!! Tomado de la Cantata Noviembre 15.
En este día se realizaron dos masivos mítines de huelguistas, en diferentes puntos de la ciudad, se exigía, además, la libertad de sus compañeros detenidos en Durán. Al menos 30.000 personas asistieron a la manifestación convocada por la Gran Asamblea de Trabajadores de Empleados de la Empresa de Luz y Fuerza Eléctrica. Vinieron luego incitaciones para asaltar los almacenes y se inició un saqueo que la policía reprimió con disparos al cuerpo de los asaltantes. Testigos de los hechos aseveran que personas de clase social alta se unieron y dispararon contra los huelguistas desde sus casas. Policías y militares del Ejército ecuatoriano tomaron el control de la situación y fueron asesinadas un número indeterminado de personas, los cálculos ascienden a miles de víctimas. Según un relato, ampliamente difundido, los cuerpos habrían sido arrojados al río Guayas para que sirviera de escarmiento a los alzados.
Los familiares, despojados del derecho humano a recibir el cuerpo de sus seres queridos, lanzaron al río Guayas ramos de flores atados en forma de cruz. En los aniversarios de la masacre, año tras año se colocan cruces de madera que flotan sobre boyas de balsa en las aguas terrosas del río, o de la ría, como se la suele llamar. Se las divisa a lo lejos flotando sobre el agua lodosa entre los troncos y los bancos de vegetación. Algunas cruces llevan flores de campo amarradas, señala Silvia Arana.
Retomando ese símbolo de recordar a los luchadores asesinados y reclamar justicia, el escritor guayaquileño Joaquín Gallegos Lara tituló a su novela: Las cruces sobre el agua (1946). No se trata de un recuento histórico sino una recreación literaria de la vida y la muerte del obrero panadero Alfredo Baldeón asesinado aquel 15 de noviembre, junto a otros personajes, algunos de los cuales sobreviven a la masacre. Así sea.
