
Las “rancheras”, también conocidas como chivas, son vehículos que arrastran historia desde hace más de 100 años y mantienen su estilo tradicional. En cantones lojanos es el único medio de transporte masivo hacia barrios y parroquias.
Historia
El automotor en sí es un camión al que le colocan la tradicional carrocería de las rancheras, con hasta 10 filas de asientos; no requiere aire acondicionado pues está completamente abierto por los costados, lo que permiten el acceso de aire fresco; asimismo, —en algunos— son infaltables los parlantes para que los usuarios vayan escuchando las melodías que el conductor desea reproducir.
Los principales clientes de estos vehículos habitan en las parroquias de los cantones, por ejemplo, en Espíndola, van hacia las parroquias Santa Teresita, Bellavista, Jimbura, El Airo y 27 de Abril (La Naranja); en Chaguarpamba, a las parroquias de Buenavista, El Rosario, Santa Rufina y, Amarillos; y, en Calvas, a los sectores rurales.
Hoy por hoy, este tipo de automotores son pilar fundamental para los lugareños, ya que, en horas de la mañana —de lunes a viernes—, recoge a un sinnúmero de estudiantes para llevarlos a las escuelas o colegios de las cabeceras cantonales. Adrián Moreira, estudiante de la Unidad Educativa Fiscal Rosa Herlinda García de García, de Amaluza (Espíndola), relató que, la chiva recoge a todos los jóvenes entre las 06h00 a 06h30 —dependiendo la distancia—; y en la tarde, a las 13h30, deben estar en el parque central de Amaluza para ser llevados de regreso a sus pueblos. El pasaje mínimo es de 50 centavos; mensualmente entre USD 50 a USD 70.
Ardua labor
Por su parte, Ramiro Jiménez, conductor de una “ranchera”, señaló que, pese a la modernidad, son los únicos vehículos que van hacia las zonas rurales, a pesar del deterioro de sus carros por el mal estado de las vías. “En estos automotores transportamos a gente humilde, quienes laboran en el campo en lluvia o sol y con su esfuerzo obtienen recursos para subsistir, por ello, el costo del pasaje es bajo”, dijo.
Este hombre, de 45 años de edad, conduce la ranchera alrededor de 4 años (desde que la adquirió) y ha llegado a varios lugares de su cantón Chaguarpamba. “Es un trabajo arduo y sacrificado, pero me gusta, aunque implique iniciar a temprana hora la jornada. Estoy satisfecho, más cuando llevo estudiantes porque al final sé que ellos serán el futuro de las parroquias, el cantón, provincia y el país”, añadió.
Trabajar con este tipo de vehículos le ha permitido tener varias anécdotas: la más común es que ciertas personas se duermen y van a parar a otros sitios; también, por el apuro de bajarse olvidan sus cosas o se confunden con las del vecino.
Modernización
Estos medios de transporte, decenas de años atrás, eran el único vehículo para movilizarse; incluso, la Cooperativa 24 de Mayo de la ciudad de Loja inició con este tipo de carros, ahora obsoletos, más no en los cantones, donde han modernizado las unidades y continúan brindando el servicio a la comunidad. (I)
La “ranchera” es conocida como “chiva” porque va hacia lugares de difícil acceso o caminos deteriorados por la falta de mantenimiento.
