La belleza de Loja en versos inmortales

Maruja Valdivieso, Susana Álvarez y Ana Cevallos.

Loja, una ciudad cargada de historia, cultura y paisajes únicos, ha sido una fuente inagotable de inspiración para numerosos escritores lojanos y ecuatorianos, quienes, a través de sus versos, han sabido capturar la esencia de una tierra que los ha visto crecer y superar desafíos, plasmando en sus palabras la majestuosidad de sus calles, paisajes y tradiciones.

En esta edición especial, te invitamos a disfrutar de una selecta compilación de poemas que, con su lirismo, exaltan los encantos de la ciudad. Desde sus plazas pintorescas hasta su deliciosa gastronomía, cada verso es un homenaje al alma de Loja.

Composiciones:

El poema “Lojanías”, de la escritora Ana Cevallos Carrión, escrito el 08 de agosto de 2017, captura con sensibilidad y profundidad el amor por su tierra natal:

La ciudad huele a tamal y a café recién tostado,

como una eterna llorona, la garúa anima a los sauces

a persistir con su aliento verde sobre el Zamora.

(…) La ciudad avanza  

con sus pies de artista

sus manos de papel

su garganta de bichauche.

La ciudad recuerda

agostos de cometas que no volverán

la ciudad sueña

con lugares que crecen detrás de las montañas,

tan cálidos

tan sin nubes

tan de otros

tan extranjeros.

Otro poema destacado es el de Maruja Valdivieso, titulado “A Loja”, una pieza que forma parte de su aclamado poemario “En el cauce de mis ansias”.

Desde el mirador

occidental de mi ventana,

te contemplo en la luz

natural de la belleza y aspiro en el ambiente,

la sublime armonía

de acordonado encanto,

que posan las alturas de tu gracia,

en los cerros y montañas andinas,

moldeando en el perfecto encaje

de los ríos que abrazan con donaire,

tu silueta de espléndida hermosura.

Tus ojos de sureña gallardía

entonan en tu faz cautivadora,

con el plateado espejo del Zamora

y el susurrante cantar del Malacatos.

Erguido Cisne, el Villonaco

en tu frente, recoge el fulgor

de maravillas:

Danza del verdor

de tus paisajes

y las flores saludan tu presencia.

Sinfonía de luces encienden tus altares,

un cielo inspirador

dibuja tu excelsa majestad;

los pajarillos,

policromando el vuelo,

mecen en el aire,

su trino arrobador.

¡Oh mi ciudad!

campiña de aromas

ciprés y eucaliptos,

de pinos y sauces,

de voces que conjugan

elevación de cantos celestiales.

¡Tierra mía!, pródiga

mansión de amor y poesía,

corazón palpitante

de fuerza y rebeldía,

entraña infinita,

donde nace el verso

que besa el trigal

primoroso de tu esencia.

Y la voz

que extiende al infinito

la vibración señorial

de tu existencia

con reflejos eternos

de gloria y de cultura.

Por su parte, Susana Álvarez también rinde homenaje a la belleza de la ciudad a través de su poema titulado “Loja”:

Esta ciudad es mía,

es amaranto a mis ojos,

es mi casa mayor

donde habito amándola.

Ciudad más hermosa

que las sirenas de Odiseo

es mía, en el abrazo

que no puedo deshacirme jamás.

Es mía, en la trova de las aguas

que caminan descalzas sobre el Zamora y Malacatos

rompiendo sus cristales

en esferas fosforescentes.

Ciudad amanecida

en faenas tempraneras;

transhumante y desatada

en los párpados de la noche.

Mi alegría es mirarte bella

en la metáfora de la garúa tierna

que cae, vestida de silencios

sobre las calles mojadas

en tristezas de lilas.

Encontrarte en la fontana

de las piletas que alean,

que me atrapan y liberan.

Ciudad de la hondonada

que fragua las distancias

con sonrisa de estambre

y manto cosmopolita.

Es mío, el inmóvil pestañear

de sus espacios,

las rondallas asomadas

en las constelaciones,

las claves de sus poetas

el latir de su pueblo

en secretos ancestrales,

sus violines de antaño,

el lenguaje de eternidad

de su cielo planetario

dormido en mi memoria. (I)