
Loja, una ciudad cargada de historia, cultura y paisajes únicos, ha sido una fuente inagotable de inspiración para numerosos escritores lojanos y ecuatorianos, quienes, a través de sus versos, han sabido capturar la esencia de una tierra que los ha visto crecer y superar desafíos, plasmando en sus palabras la majestuosidad de sus calles, paisajes y tradiciones.
En esta edición especial, te invitamos a disfrutar de una selecta compilación de poemas que, con su lirismo, exaltan los encantos de la ciudad. Desde sus plazas pintorescas hasta su deliciosa gastronomía, cada verso es un homenaje al alma de Loja.
Composiciones:
El poema “Lojanías”, de la escritora Ana Cevallos Carrión, escrito el 08 de agosto de 2017, captura con sensibilidad y profundidad el amor por su tierra natal:
La ciudad huele a tamal y a café recién tostado,
como una eterna llorona, la garúa anima a los sauces
a persistir con su aliento verde sobre el Zamora.
(…) La ciudad avanza
con sus pies de artista
sus manos de papel
su garganta de bichauche.
La ciudad recuerda
agostos de cometas que no volverán
la ciudad sueña
con lugares que crecen detrás de las montañas,
tan cálidos
tan sin nubes
tan de otros
tan extranjeros.
Otro poema destacado es el de Maruja Valdivieso, titulado “A Loja”, una pieza que forma parte de su aclamado poemario “En el cauce de mis ansias”.
Desde el mirador
occidental de mi ventana,
te contemplo en la luz
natural de la belleza y aspiro en el ambiente,
la sublime armonía
de acordonado encanto,
que posan las alturas de tu gracia,
en los cerros y montañas andinas,
moldeando en el perfecto encaje
de los ríos que abrazan con donaire,
tu silueta de espléndida hermosura.
Tus ojos de sureña gallardía
entonan en tu faz cautivadora,
con el plateado espejo del Zamora
y el susurrante cantar del Malacatos.
Erguido Cisne, el Villonaco
en tu frente, recoge el fulgor
de maravillas:
Danza del verdor
de tus paisajes
y las flores saludan tu presencia.
Sinfonía de luces encienden tus altares,
un cielo inspirador
dibuja tu excelsa majestad;
los pajarillos,
policromando el vuelo,
mecen en el aire,
su trino arrobador.
¡Oh mi ciudad!
campiña de aromas
ciprés y eucaliptos,
de pinos y sauces,
de voces que conjugan
elevación de cantos celestiales.
¡Tierra mía!, pródiga
mansión de amor y poesía,
corazón palpitante
de fuerza y rebeldía,
entraña infinita,
donde nace el verso
que besa el trigal
primoroso de tu esencia.
Y la voz
que extiende al infinito
la vibración señorial
de tu existencia
con reflejos eternos
de gloria y de cultura.
Por su parte, Susana Álvarez también rinde homenaje a la belleza de la ciudad a través de su poema titulado “Loja”:
Esta ciudad es mía,
es amaranto a mis ojos,
es mi casa mayor
donde habito amándola.
Ciudad más hermosa
que las sirenas de Odiseo
es mía, en el abrazo
que no puedo deshacirme jamás.
Es mía, en la trova de las aguas
que caminan descalzas sobre el Zamora y Malacatos
rompiendo sus cristales
en esferas fosforescentes.
Ciudad amanecida
en faenas tempraneras;
transhumante y desatada
en los párpados de la noche.
Mi alegría es mirarte bella
en la metáfora de la garúa tierna
que cae, vestida de silencios
sobre las calles mojadas
en tristezas de lilas.
Encontrarte en la fontana
de las piletas que alean,
que me atrapan y liberan.
Ciudad de la hondonada
que fragua las distancias
con sonrisa de estambre
y manto cosmopolita.
Es mío, el inmóvil pestañear
de sus espacios,
las rondallas asomadas
en las constelaciones,
las claves de sus poetas
el latir de su pueblo
en secretos ancestrales,
sus violines de antaño,
el lenguaje de eternidad
de su cielo planetario
dormido en mi memoria. (I)
