César Augusto Correa
Cada día que pasa se convierte en un problema más preocupante lo que se está llamando la «infantilización de las audiencias», que se manifiesta en un desprecio creciente de las personas de todas las edades por los asuntos de mayor trascendencia en la vida de las sociedades, marcándose la preferencia por los temas triviales, por los que no exigen análisis, razonamiento, reflexión, estudio.
La banalización de las conciencias es un proyecto universal para crear las condiciones sociales para que las élites dueñas del poder económico puedan expandir su influencia y dominio.
Este plan se cumple fundamentalmente mediante la acción de los medios de comunicación colectiva (la televisión en especial), las aulas (incluyendo las universitarias), los púlpitos, las redes sociales. En la infancia, mientras los padres salen a trabajar, los niños se pasan el día entero prendidos a la televisión o al celular, buscando y observando vídeos que van moldeando sus gustos, que han sido científicamente preparados para desarrollar los cerebros, los nervios y los músculos, con ideas, conceptos, tendencias, reflejos condicionados, adicciones, que generan personas con organismos conformados para aceptar lo intrascendente y rechazar todo lo que reclama esfuerzo intelectual.
Las consecuencias son fatales para América y Europa, menos dañinas para los africanos y en Asia la mayor parte de la población está protegida contra la infantilización o banalización, porque China, Rusia, Japón, India sienten como una necesidad vital elevar el nivel cultural de su población. Si hablamos de respuestas que calificaríamos de inmunológicas las encontramos en las redes sociales, el único espacio en el que pueden encontrarse mensajes válidos para defender y divulgar la verdad, el derecho, las fuerzas sociales adecuadas para liberarnos, con excepción de lo que se está haciendo en Cuba, Venezuela, México, Nicaragua, Honduras, donde la ciencia y las virtudes cívicos cuentan con apoyo estatal.
Contra la infantilización de las audiencias la esperanza cierta está en el desarrollo de la ciencia, que obligará a todo el mundo a dedicarse a dominar el mundo de la digitalización y la automatización.
