Por: Sandra Beatriz Ludeña
Los fenómenos migratorios se han acelerado en las últimas décadas, por diversas razones, y aunque los sociólogos, como los estudiosos de especialidad, puedan apuntar hacia situaciones como la pobreza, guerras, falta de trabajo, persecuciones, inseguridad, desastres naturales y otros más de orden socioeconómico, me atrevo a lanzar una razón fundamental a la que nadie ha apuntado, se trata de ¿quién soy?
En realidad, nos ha pasado que sabemos de todo en la vida, pero nos cuesta describir quién soy, al respecto, no hemos podido evitar el titubeo, y claro, es comprensible. Pienso yo desde mi aturdimiento que es posible migrar de muchas maneras, no solamente de un lugar geográfico a otro, también se migra de pensamiento.
Es que sin pretender caer en el romanticismo o alejarme de la realidad, aunque la pobreza, la escasez del dinero puede llevarnos por caminos alejados de los que debieron estar en nuestra misión terrenal, resultar ser que los deseos, las expectativas y las conductas humanas justifican moverse hacia el estado migrante. Pienso yo que este enfoque trata de entender las migraciones como un movimiento social y no tan solo como la respuesta a lo económico.
Aunque el migrante es un ser sin rostro, no ha dejado de ser un puño palpitante y arriesgado que se atreve a pegarle al opresor, y que aun así es perseguido por su osadía. Las estadísticas marcan que en las últimas cinco décadas los migrantes internacionales ha aumentado en número, pero no se ha visto que el aumento es también de razones, pues, el corazón migrante late impulsado por un hogar, por una costumbre, por un sueño que construyó casa en una cerca que hacía de límite entre el suelo propio y el ajeno. En las pesadillas del migrante hay siempre una mano poderosa que destruye sus sueños y, al retorno, no encuentra ni al perro que iba al jardín a oler las flores, o a comer hierba para saciar el hambre.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha determinado que en el año 2020 eran alrededor de 281 millones de personas que vivían en un país distinto al suelo natal. Pues esto de soñar ser cometa volando cielos de otra frontera, tiene por inconveniente pender siempre de un hilo que lo ata a su propio cielo o suelo. Los retornos no siempre son con final feliz, ya sea por decisión propia o por repatriación forzada, el migrante acarrea en su corazón tristeza acumulada, por las toneladas de sacrificio que carga, por el tiempo invertido, por lo que perdió más que ganó y que nadie podrá compensar o resarcir.
Las estadísticas no miden estas razones, no se ha calculado el grado de éxito o de fracaso en estos términos. El mismo lápiz con el que hago cifras para medir el fenómeno migratorio se desgasta, cada vez más a medida que lo uso, cada vez menos en su tamaño, respecto al intento de escribir cifras claras con precisión. Al fin y al cabo, esto tiene siempre doble sentido y muchísimas razones.
La tensión juega el mismo juego, el capitalismo global maneja las migraciones en dos sentidos, pues, por un lado, intenta su valorización mediante políticas migratorias, pero, por otro, procura reducir el excedente de movilidad mediante políticas de control. Así los migrantes son usados como si fueran ciudadanos, lo que favorece procesos de resistencia, organización y subjetivación.
Lo que intento decir es que no se puede ver el fenómeno migratorio como un tema de autonomía, pues hay que entender la migración como un movimiento social en el sentido literal de las palabras, y comprender más allá, por su conexión con las estructuras sociales, culturales, es decir, una comprensión que abrace la migración como una fuerza creativa dentro de las mencionadas estructuras.
En una mesa los migrantes discuten “quién soy”, y piensan las formas de resistir el movimiento del tapete sobre el cual bailan; estos ejercicios revelan nuestra posición como objeto en la escena, ponen su noche y la cantidad precisa de estrellas que esta vez brillarán en el sueño. Al fin, ellos son los dueños de esta parte de ondulación del mundo, que vendrán dedos gigantes y obstáculos, realmente es indudable, que tienen poder político, cierto es, pero, las luces y sonidos, los artistas que miran el ombligo como un oráculo, las manos de los soñantes, que procuran hasta la misma ropa que cubre su poder y más son razones migrantes y el mundo gira al rededor.
