
El distinguido maestro de la niñez y juventud lojana, Luis Antonio Quizhpe ha logrado fusionar como actividades esenciales de su vida la docencia y la escritura. Este diario se ha honrado en contar con su aporte como reportero, desde 1985, luego como codirector de la revista cultural AGENDA, en algunas ocasiones jefe de redacción y, por fin, articulista de opinión. Ha colaborado durante 4 décadas, en el ámbito del periodismo cultural, con temas políticos, sociales, artísticos, educativos, literarios, cuyos contenidos han sido bien recibidos por nuestros lectores.
Como compromiso incondicional ha entregado un tema por semana, lo que equivale a 48 artículos por año y alrededor de 1.900 en todo este lapso. Aparte de su aporte a Diario Crónica, ha escrito 8 libros de narrativa: El edén perdido, Entre el barro y las quimeras, Refugio de arcilla y soledad, Caligrafía de cal y arena, Tiene en su mirada los rayos del sol, Saucedales de ensoñación; las novelas: El chirote comunero y De calicanto y granito. Cada libro contiene alrededor de 30 historias, lo que equivaldría a un total de 240 crónicas literarias.
Además, en el campo de la información social ha escrito 5 textos: Desafío de la Pluma, Voces ke alborotan, Apóstrofes castizas, Boletines cáusticos y Leer para vivir. Cada uno contiene 120 crónicas, que sumarían 600 en total. Los contenidos de estos textos han sido difundidos por Radio Nacional del Estado, Radio Loja, Radio Municipal y Radio Motevelle, en donde el autor ha sido presentador de programas educativos, artísticos y culturales, alrededor de 30 años. A más de que algunos periodistas lo han hecho en otras radios.
Diario Crónica le abordó para dialogar acerca de su trabajo. Le preguntamos si su labor ha sido reconocida por instituciones como la Casa de la Cultura, el Municipio de Loja o el Consejo Provincial. Con absoluta franqueza nos ha dicho que su labor modesta lo ha hecho por satisfacción personal y profesional, sin esperar lauros por parte de institución alguna. Los reconocimientos y las condecoraciones son para la “élite”, para quienes poco o nada han hecho por el arte, la educación y la cultura. Figúrese, en el 2024 otorgaron la Condecoración Pablo Palacio a un historiador, cuando la distinción es para un literato. Esto da la medida que a nivel de la prefectura ignoran la valía de nuestro Pablo Palacio. Lo propio ocurre en el Municipio, donde una comisión de concejales que, a lo mejor nunca leen, sugirieron nombres de personajes muy valiosos, pero otros que no vale la pena que se hagan acreedores a nada.
Referente a la edición de sus libros nos ha dicho que golpea diversas puertas, aunque pocas le abren. Toda la producción es con mi trabajo y de mi familia, dijo. Mis libros están de Cuenca para allá, de Zamora para adelante y en la provincia; los maestros y estudiantes de estas regiones geográficas son mis lectores. Aquí en Loja es complicado, existe una atroz envidia y egoísmo. Vea, señor hubo un director zonal de educación que nunca fue docente, tan perverso que envió una circular a todos los colegios y escuelas, prohibiendo que se lean a escritores lojanos, arguyendo que habría un supuesto negociado. Otro de los mismos indicó que los libros del académico de la Lengua, Carlos Carrión, lo habían tomado de pena, porque el autor tenía una calamidad doméstica, no por la valía de su narrativa.
La situación en Loja, para un maestro escritor es compleja. Las escuelas y colegios particulares y algunos fiscomisionales tienen convenios con Santillana, Corporación Editora Nacional, Editorial Educatemas, EDINUM, Don Bosco y SM Ecuediciones y otras empresas. Estas, por la compra de libros les dan computadoras, material didáctico, “cursos de capacitación” y más regalías que, lo recompensan con el precio de los textos. Por ejemplo, en este año en un colegio fiscomisional vendieron a los estudiantes un libro fotocopiado por 8 dólares, cuando el texto en esa presentación costaría máximo 4 dólares.
Con respecto al magisterio de Loja aseguró: el maestro lojano come al profesor lojano, aunque a nivel de la provincia si creen en mi modesta propuesta de lectoescritura. Figúrese solo en la Cooperativa Educadores, de la cual soy miembro activo, somos alrededor de 5 mil maestros, si de estos solo adquiriesen mil libros, la edición se acabaría máximo en dos meses, pero lamentablemente esto no ocurre.
Y finalmente le pedimos que nos diga si espera alguna recompensa por su trabajo. Nos explicó que a pesar de todo seguirá, sin esperar nada a cambio, hasta cuando sus facultades físicas y mentales le permitan; que sus libros serán su mejor legado para sus hijos y las sucesivas generaciones. Por ejemplo, dijo, Guayaquil le dio el título de “cronista vitalicio” al Dr. Rodolfo Pérez Pimentel, por su trabajo de más de 30 libros. Cuenca lo nombró como su cronista oficial al escritor Eliécer Cárdenas por su producción literaria y periodística. Loja, con su cámara edilicia de gente proba, educada y culta, le otorgó el título de “cronista” al profesor David Pacheco Ochoa. Esperamos que el alcalde actual y sus concejales, revestidos de aquellas virtudes, algún día confieran ese título a quien realmente se lo merezca.


