Numa P. Maldonado A.
Cuando estamos en vísperas de presentarnos una vez más a elegir nuevos dignatarios del poder Ejecutivo y Legislativo, esta vez para un periodo completo de cuatro años (mayo de 2025 a mayo de 2029), el futuro panorama político del país según las percepciones de las grandes mayorías, apoyadas en las encuestas más serias, sigue siendo inquietante, triste y hasta tenebroso. ¡Lo mismo de siempre! Seguimos siendo, desde hace cerca de 200 años de vida republicana y de 45 del retorno a la “democracia”, luego de la corta dictadura militar de los 60; un país sin rumbo. “Ingobernable”. A raíz de la trágica muerte del presidente Roldós en 1969 se han sucedido muchos gobiernos, muchos de ellos interinos, alineados de una u otra forma a la derecha o a la izquierda, pero con predominancia de la primera; es decir, más hacia el modelo de gobierno empresarial o neoliberal y menos a gobiernos que pretendieron reformas sociales en favor de las clases medias y pobres (el paso de la Izquierda democrática liderada por Borja, no pudo lamentablemente cambiar esta perdurable tendencia, que es la causa madre de nuestro lamentable subdesarrollo). Es que los liderazgos que han gobernado el país se han orientado al unisonó, en ambas tendencias, a favorecer al pequeño grupo que los acolita y que, a lo largo de la historia, salvo honrosas excepciones, ha usufructuando impunemente del poder y la riqueza del país. Una especie de indestructible acuerdo, aunque aparenten astutamente enormes divergencias (es la ley de la unión y lucha de los Contrarios del marxismo, y los alcances negativos de los principios herméticos de la Polaridad y el Ritmo, de la Correspondencia y la Vibración).
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