MI DIOS Y MI FE                        

P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ

Israel, en sus orígenes, vivió la experiencia de la esclavitud y de la liberación. Sufrió el escarnio de la opresión a manos del Imperio egipcio. Moisés, el gran mediador entre Yahveh y el pueblo, caminó   con ellos en la búsqueda de una tierra nueva que mana leche y miel. El tiempo de Dios, perfecto e inmarcesible, desarrolla su curso en beneficio de los marginados. Moisés, el amigo de Dios, tiene el encargo de formar y guiar a un conglomerado humano, socialmente complejo e inestable.

El libro del Deuteronomio desarrolla una relectura de la historia de un pueblo que necesita organizarse para crecer en armonía. Para cumplir con la finalidad que Dios le ha conferido, el líder religioso presenta una serie de normas y preceptos para fortalecer la convivencia. Las leyes del pueblo, numerosas y puntuales, despiertan el fervor religioso dormido. La liturgia, corazón de la ley, enriquece su contenido y su aplicación. La catequesis impartida resalta la importancia de la presentación de las primicias de las cosechas como un signo de gratitud a Dios: “Por eso, ahora yo traigo aquí las primicias de la tierra que tú, Señor me has dado”. Valoramos el gesto de humildad del pueblo que, postrado ante Él, lo adora.

Dios creó todas las cosas con amor para que el hombre crezca y viva feliz. San Pablo escribe a los cristianos de Roma una carta en la que les recuerda que en la boca y en el corazón se encuentra la salvación. Exhorta a creer con el corazón para alcanzar la santidad. Jesucristo reúne en su predicación todas las enseñanzas de sus antepasados. Actualiza la ley porque Él, principio y fin de cuanto existe, acompaña y guia a la Iglesia a entender su misterio. Las tentaciones, que pretenden debilitar los fundamentos de la fe, encuentran en Jesús argumentos sólidos para vencer al maligno. El significado del verbo “tentar” significa “probar”, “someter a una prueba”, “experimentar amenaza o desconfianza”. Jesús enseña que las tentaciones guardan relación con oscuros intereses egoístas, ideológicos o de afán de poder.

Todas ellas trazan el camino contrario que Dios propone para hacernos libres y sabios. El tiempo litúrgico de la Cuaresma nos lleva a tomar las mejores decisiones. El Espíritu Santo guía nuestros pasos hacia un desierto en el que nuestro espíritu recupera su identidad y su fortaleza. Tengamos presente que, la realidad humana en la que nos desenvolvemos,  enfrenta luchas contra las fuerzas que pretenden apocar nuestras virtudes teologales. Las tentaciones nos vuelven fuertes en la adversidad. Refuerzan nuestra dignidad de bautizados.

Jesús, en el desarrollo de su misión apostólica, anuncia que, la guerra entre el bien y el mal, nunca termina. Jesús venció las tentaciones de poder, orgullo, riqueza y cualquier forma de idolatría. Al final del Evangelio según san Mateo promete acompañarnos hasta las últimas consecuencias. Tenemos que ir por todo el mundo para dar razón de nuestra entrega a la causa de la salvación de nuestros hermanos. Jesús, pide en cada página del Nuevo Testamento, que tengamos en nuestras manos  las lámparas encendidas para esperar con paciencia la venida de quien nos va a llevar a participar en el banquete del Reino de Dios.