El desafío de rescatar la casa de la cultura en El Oro

Ángel Efraín Orellana Flores

anefor83@gmail.com

Los actores culturales de El Oro y el país, enfrentamos un momento crucial: las elecciones de nuevos directores de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en agosto de 2025. Hasta ahora, los trabajadores culturales hemos sido solo una estadística en el padrón electoral. Pasados los comicios eleccionarios, los directores elegidos nos han ignorado por completo. El cronograma de elecciones ya se publicó, iniciando este proceso clave para definir el futuro de la gestión cultural en la provincia.

¿Qué debemos hacer los actores culturales en este nuevo proceso eleccionario? ¿Seguiremos confiando en personas ajenas a la actividad cultural como eje central de sus vidas, que resuelvan problemas que no comprenden? ¿Seguiremos asistiendo a sus eventos como voluntarios «para que nos conozcan»? ¿Seguiremos alimentando nuestras divisiones internas que tanto nos han debilitado? El mundo artístico es, por naturaleza, complejo y diverso, construido sobre egos y visiones que a veces chocan entre sí. Sin embargo, los tiempos han cambiado, y ya no podemos permitirnos el lujo de actuar de manera fragmentada.

Un estudio de la Universidad de las Artes (2021) revela que el 55,76% de los artistas ecuatorianos tienen más de un empleo para subsistir, lo que les obliga a abandonar sus proyectos. La Casa de la Cultura fue creada precisamente para cambiar esta realidad, con el espíritu de «convertir al Ecuador en una potencia cultural» como lo planteó su mentor, el Dr. Benjamín Carrión. Sin embargo, ese horizonte parece haberse perdido en el camino. ¿Cuándo y cómo ocurrió esto?  Cuando los actores culturales dejamos de interesarnos por la institución y dejamos que personas ajenas al desarrollo cultural la dirigieran.

En El Oro, la CCE se va convirtiendo en una memoria difusa, lejana a las necesidades reales del sector; baja vinculación con los artistas, escasa circulación cultural en la provincia, escenarios culturales en abandono, entre otras desconexiones. Quienes prometieron entender y resolver estas necesidades demostraron no comprender ni siquiera las propias.  Ante esta situación, parece que la historia nos plantea una bifurcación clave: unirnos los actores culturales para rescatar nuestra casa de la cultura o asistir a su declive final.

Finalmente, caminar juntos representa un desafío gigantesco, pero es el único camino viable. Las y los hacedores culturales orenses, debemos superar los desacuerdos internos y priorizar el presente y futuro de nuestras carreras artísticas, así como de nuestros proyectos. Este proceso no será fácil, pero es necesario para preservar nuestro legado y mejorar nuestras condiciones de vida. El momento de actuar es ahora y la responsabilidad es nuestra.