“La Emancipada” y su metonímico

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Traigo hoy este aporte, pues, he conocido del estreno en la ciudad de Loja de la obra del gran músico lojano Julio Bueno Arévalo “La Emancipada”. Como es conocido, esta obra, primero existe en la literatura lojana, pero ahora, irrumpe en terreno musical para cautivar y demostrar que es posible hibridar arte literario con otras artes, en este caso, música, dando resultados tanto sorprendentes como esperanzadores.

Sin duda se trata de una joya, que ahora suena bellamente a libertad, por la cual, tantas mujeres dieron su vida, justamente, como el caso de “La Emancipada”, novela ideada por Miguel Riofrío (1822 – 1879), donde con una mujer llamada Rosaura, Riofrío denuncia las tiranías acostumbradas en la época, y que, desde mi punto de vista, llegan hasta nuestros días.  Tiranías que, aunque no estaban encubiertas en la ley, se amalgamaban para crear un ambiente de injusticia social.

Me reconforta que los artistas estén haciendo uso de aquella trama, para plasmarlo en partituras, con notas que reivindiquen la capacidad de la mente humana, porque por desgracia esta sería la excepción ante la generalidad, donde la literatura ha sido mezclada inescrupulosamente con la política, y así, ha dado los más crueles resultados.

Atendiendo una de las claves de la obra, hay que ver el valor metonímico por “La Emancipada” obra literaria y nación; y hoy “La Emancipada” obra sinfónica, pero también, ir más profundo, desde el antivalor hacia el valor. Lo describo en las siguientes líneas.

Conviene recordar que Miguel Riofrío fue abogado, periodista y escritor de la época republicana.  Pero, también, fue político. Fue un progresista que practicó hasta el día de su muerte el liberalismo, un opositor del régimen de Gabriel García Moreno. Así es que Riofrío con “La Emancipada” (1869), dio testimonio de la represión y cómo entre: costumbre, Iglesia y gobierno se fomentaba la violencia, maltrato, humillación, agresividad, autoritarismo, dogmatismo, entre otros, antivalores que han trascendido a estos tiempos, y que cualquiera en el poder, pone en marcha como agenda alterna, principalmente en lo que es género.

Mi visión es que desde el inicio de la República del Ecuador y hasta hoy, la polarización y la pugna por el poder entre contrarios ha permitido que, desde obras como la anotada, los perversos extraigan ideas para generar otras “emancipadas”.  Este antivalor metonímico por el cual, cuantas mujeres van a la autodestrucción, tal como se narra en la novela de la referencia, mientras que, el discurso oficial es otro. Claramente se ve un metonímico de “La Emancipada”, mujer y nación. Pero, la intención de Miguel Riofrío fue noble.  

La novela muestra realismo social con Rosaura, quien, a los doce años de edad, huérfana de madre, era víctima del autoritarismo y fanatismo religioso de parte de su padre. Violencia que la obliga a casarse con Anselmo (hombre mayor y desconocido para ella), pero adinerado, alejándola de su verdadero amor.   Rosaura va a la unión forzada, pero apenas dice el sí en la iglesia, huye declarándose mujer emancipada.  A partir de allí, Rosaura se descarría hacia la autodestrucción.

La obra presenta: el valor moral, religioso, ético, lo cual se nota en el siguiente párrafo: “Muy señor mío: Por cuanto mi señor padre me ha dicho lo que la santa Iglesia nos enseña, conviene saber: Que los padres son para los hijos segundos dioses en la tierra y que se han de cumplir sus designios con temor de Dios…”.   

El valor religioso era tan predominante, al punto que, en la novela, el padre de Rosaura maldijo la educación Lancasteriana, que la madre de Rosaura en vida, le proporcionaba a la niña.  En esos tiempos, la mínima observación de un inferior a lo religioso, era blasfemia.  La idea de justicia fue suplantada con respeto absoluto a la Iglesia. Esto se afirma, cuando el autor incluye en la obra, la idea de que aquel que desafía a los padres, la Iglesia y a los jueces, solo merece la muerte, un antivalor notorio en la reacción del padre, cuando le comunican la muerte de Rosaura.

Para finalizar, debo decir, que el metonímico de “La Emancipada” está dando un giro de libertad, y esto es una buena nueva.