Numa P. Maldonado A.
Justo en esta semana que hoy, jueves 18 de marzo, casi “está vencida”, después de pasar los duros estragos causados por el fuerte “invierno” , los derrames de petróleo en Esmeraldas y las avalanchas de nieve en el Cotopaxi, por sólo mencionar eventos derivados del Cambio Climático, sucederán el equinoccio del hemisferio Sur o Pawcar Raymi (21 marzo), la celebración del Día del Planeta, el partido de fútbol Ecuador -Venezuela y, para cerrar la semana, el debate político entre Daniel Noboa y Luisa Gonzales (domingo 23, a las 20 horas.
El Día Internacional de la Tierra se celebra el 22 de abril, desde 1970. Ese día millones de personas salieron a manifestarse en Estados Unidos protestando por los daños que el consumismo desenfrenado y otros exabruptos causan al planeta. Es el Día en el cual el movimiento ecologista moderno cobra vida. Una fecha para reflexionar sobre el impacto de nuestras acciones contra el medio ambiente y para actuar frente al cambio climático. En muchas ciudades del mundo, incluidas las de nuestro país, se celebra apagando la luz eléctrica por una hora, de 20h30 a 21h30, y este año, aprovechando el partido Ecuador -Venezuela por la fecha de las eliminatorias sudamericanas para el mundial de Fútbol 2026 (Quito, 20-03-2025, 16 horas), se promocionará su festejo con programas especiales. Lema del Día de la Tierra 2024 y 2025: «El planeta contra los plásticos». La ONU pretende reducir en un 60% la producción global de plásticos para el 2040. Actualmente Ecuador produce una tonelada por minuto de desechos plásticos. Reflexión: Si diariamente eleváramos nuestra conciencia por el daño causado por los plásticos a la Madre Tierra, disminuirían muchos problemas que actualmente afectan a la biosfera y a la salud y bienestar de las personas.
El Debate del domingo es un acto obligatorio y éste, como ningún otro, de gran expectativa, dada la inusitada situación de bipolaridad “partidista”, por los resultados de la primera vuelta. Pero más, mucho más, porque lleva implícito una gran incertidumbre y temor por lo ocurra en el futuro inmediato: el mantenimiento de una estructura gubernamental democrática defectuosa, o el inicio de gobiernos totalitarios que pretenden entronizarse en el poder por décadas. Se considera que los votos duros de ambos candidatos no cambiarán (ambos con alrededor del 30% de preferencias). Lo que está en juego es cómo captar (ojalá honorablemente) el número de votos para ganar… Dadas las circunstancias la audiencia televisiva será masiva y, ocurra lo que ocurra en el debate, ambos candidatos se declararan vencedores como ineludible estrategia de la segunda parte del evento: el Post Debate.
La idea central del Post Debate, basada en la lejanísima chispa cognitiva que hace unos 70.000 años le permitió a la especie sapiens, mediante el recurso de la ficción, prevalecer sobre sus congéneres, es tratar de convencer al electorado indeciso la idea de proclamar vencedor al candidato al que se respalda, tenga o no tenga méritos para merecerlo. Y la victoria será de quien haga mejor este trabajo y, en última instancia, cuide la pureza del proceso electoral de posibles fraudes o logre sutil o aviesamente introducirlos. ¡Qué Dios nos ayude!
