Por: Sandra Beatriz Ludeña Jiménez
Soy clienta de Librería San José desde la niñez, década de los años 70, mas, la librería existe desde 1951. Don Godofredo Cazar Fernández siempre se esmeró por atender con amabilidad, respeto, e inteligencia en su concepto, pues, quien se dedica a cuidar libros termina siendo uno de ellos. Su cabeza se abría como un cielo, con su propuesta multicolor, formatos distinguidos en tamaño, presentaciones de pastas duras y blandas, de lujo y también de bolsillo, allí vibraba al unísono su corazón, con el de urbe, la librería es una ofrenda dispuesta a brindarnos los más novedosos titulares de obras generadas desde la necesidad de cultura, esta que fue comprendida por Godofredo, quién nos leía y percibía tan vital necesidad fisiológica de memoria. Justamente fue así que dio su respuesta, trayéndonos esas recetas codificadas a través del lenguaje y plasmadas en textos propuestos para excitar nuestro deseo.
Godofredo exhibía los libros en perchas y, en ese amplio ventanal donde muchos lojanos parábamos para leer los titulares novedosos, para dejarnos atraer por el color de sus portadas, por la esperanza de sus propuestas. Desde que se ubicaba en los bajos del edificio del Consejo Provincial de Loja, hasta que se explayó en su local propio, en las calles que conmemoran a Vicente Rocafuerte y Simón Bolívar, en pleno centro de Loja, Librería San José nos inducía a visitarla con su eslogan: “Exíjalo siempre”, junto a su logotipo, constituido por un lápiz de la tradicional marca Mongol, todo relucía en un gran letrero, corte clásico, instalado en la parte superior de la entrada a su establecimiento. En su interior las perchas estaban atestadas de libros, en lugares estratégicos había unos mapas colgando y uno que otro almanaque con fotografía de actrices famosas como Sofía Loren. Se respiraba la promesa de grandeza intelectual.
Desde hace dos o tres meses, he notado cambios disruptivos en la Librería San José, en la puerta de vidrio hay frases llamativas, y la invitación a degustar café y lectura. Una mirada hacia dentro, permite ver un ambiente de biblioteca hogareña. Fue así que no me resistí e ingresé, revisé brevemente cada detalle, muebles antiguos, restaurados con respeto por sus huellas del tiempo, unos murales memorables y artísticos, taburetes, mesas, maletas antiguas llenas de claves, códigos, secretos, fórmulas que nos dicen cómo resolver este laberinto llamado vida. Y un rincón mágico, donde acomodarse y continuar con la búsqueda.
Hablé con Cristhian Castillo, un joven de singular simpatía: extrovertido, creativo e inteligente; es quién ahora continúa con la Librería San José, pasa sus días creando conceptos de arte, ambiente interior y libros, para hacer que cada lector, visitante de su librería obtenga una experiencia fascinante, llena de símbolos, para que cada quien la signifique a su manera, y así, siempre vuelva en la búsqueda de repetirla. Cristhian sabe lo que hace, soy testimonio del cumplimiento de su objetivo, mi experiencia fue fascinante y no dudaría en repetirla, para ello, tiene una gran variedad de temas tanto en literatura, como en ciencia.
El encanto está en esas cosas cargadas de historia, me llevé la obra titulada: “Nahún Briones. Luces y sombras de un bandolero social”, del historiador e investigador Galo Ramón Valarezo. Hasta la próxima búsqueda, hasta la más próxima fascinación en “San José, librería abierta”.
