Santiago Armijos Valdivieso
Es una verdad de Perogrullo que el debate presidencial, realizado el domingo 23 de marzo de 2025, claro está, mal concebido y dirigido por los organizadores, confirmó la polarización política que impera en el Ecuador, lo cual disparó una andanada de dimes y diretes entre los candidatos, quienes no lograron profundizar en las soluciones a los difíciles dolores que soporta el Ecuador.
Frente a ello, bien vale que los electores, sin apasionamientos y pisando la realidad que se impone, nos planteemos: ¿qué se puede esperar del próximo gobernante del Ecuador? Eso sí, debemos poner por delante la certeza de que no tendremos un presidente ni lejanamente perfecto y cumplidor de todo lo que ofrece.
Sin embargo, es importante identificar lo mínimo que aspiramos del próximo inquilino de Carondelet.
En primer lugar, necesitamos que establezca un plan integral a largo plazo para enfrentar la seguridad, pasando por solucionar el flagelo de la pobreza extrema (con programas de rescate social) y el combate sin tregua al narcotráfico. Alcanzado esto, a niveles satisfactorios, deberá promover leyes amigables con la inversión privada para la creación de nuevos puestos de trabajo. Un contundente paso hacia la anhelada inversión sería eliminar las trabas burocráticas y reducir las exageradas cargas tributarias que tanto matan la esperanza de los emprendedores a la hora de impulsar sus negocios, comercios y empresas.
En segundo lugar, el país necesita un gobernante que tolere, con civismo y convicción, la libre expresión y, especialmente, la forma de pensar de quien no está alineado a ver el Ecuador desde los ojos del gobernante de turno, eliminando toda acción de persecución o abuso del poder, como ya lo hemos visto en el pasado.
En tercer lugar, es fundamental que el gobernante se rodee con los mejores profesionales para integrar su equipo de trabajo, buscando a personas honestas y capaces para solucionar los problemas del país. Siempre habrá que tener presente que, para ser un buen profesional, primero hay que ser un buen ser humano.
En cuarto lugar, la Nación necesita un líder que respete la institucionalidad y que defienda genuinamente la existencia y la sostenibilidad del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, institución que, con todos sus defectos, es el único escudo de defensa social de los trabajadores, quienes con su esfuerzo diario forjan la grandeza del país.
En quinto lugar, se requiere que el mandatario combata la corrupción en todas sus formas, empezando por concentrarse en la contratación pública que tanta hemorragia de recursos ha causado al heraldo nacional. Para ello, debe establecer prioridades en la atención de las necesidades sociales, contratando las obras, bienes y servicios, mediante el impulso oportuno de concursos limpios y sin sobreprecios.
En sexto lugar, el gobernante debe entender que el cambio climático es una realidad irreversible y consecuentemente tener planes bien trazados para enfrentar las inundaciones en invierno y las sequías en verano. Asimismo, debe tener claro que las aguas que bañan las represas hidroeléctricas son cada vez más escasas y por ello buscar otras formas de generación eléctrica.
En séptimo lugar, quien esté en el poder debe garantizar y luchar por una mayor asignación presupuestaria al sector educativo, en todos sus niveles, para el mejoramiento real del nivel académico en todas las regiones y, especialmente en el sector rural. Sin duda, esto permitirá que todos los ecuatorianos tengamos las mismas oportunidades para desarrollarnos personal y profesionalmente.
De otro lado, quien conduzca al gobierno debe acercar al Ecuador al concierto internacional de países democráticos y condenar tiranías y dictaduras, sean de derecha o izquierda, como las de Irán, Corea del Norte, Rusia, Bielorrusia, Venezuela, Cuba o Nicaragua. En un mundo globalizado en el que vivimos, con sus ventajas y desventajas, más que nunca, el país debe mantener dignas y cercanas relaciones con las naciones que forman parte del mundo libre.
Finalmente, cabe preguntarnos: ¿cuál de los dos candidatos presidenciales está menos lejos de conseguir esas aspiraciones? Considero que, aunque fueron diminutos sus pronunciamientos en el debate, hay signos y posiciones que nos podrían permitir contestar esa interrogante.
