Benjamín Pinza Suárez
Qué bueno es ser dialécticos, actuar dialécticamente, porque “la dialéctica es el arte de pensar desde el conflicto, es el acto radical de pensar en contra de lo establecido, del statu quo, de enfrentar ideas opuestas y extraer de ese choque una comprensión más profunda: tesis, antítesis y síntesis. No como receta, sino como ritmo vital del conocimiento. Desde Platón hasta Hegel, la dialéctica ha sido la herramienta fundamental para romper falsedades y conquistar verdades; pero también ha sido temida porque pensar dialécticamente es peligroso, destruye dogmas, cuestiona sistemas y transforma al que investiga. En epistemología, la dialéctica demuestra que conocer no es acumular datos, sino atravesar contradicciones. En metodología cualitativa ilumina conflictos reales. Por ejemplo, una tesis que estudia violencia familiar puede partir de la tesis del amor como valor central y encontrar la antítesis en prácticas abusivas, invisibilizadas y proponer una síntesis ética que reconfigure las relaciones familiares. Investigar dialécticamente no es cómodo, es desafiante pero profundamente liberador, porque si no hay tensión, no hay verdad, y, si el conocimiento no incomoda, entonces es solo repetición, es mecánico. La dialéctica, en concreto, es la chispa que enciende el pensamiento crítico.
En esta línea de acción, parto de la tesis de que Loja merece otro sitial, otra suerte, otro destino. Su antítesis: Loja está a merced del azar, desatendida, proscrita; con puentes destruidos, con avenidas que dan pena, con calles llenas de excremento, con la vía occidental de paso en ruinas, con la vialidad local, cantonal y provincial en su peor estado que afecta duramente el turismo, el comercio y la economía; sin una planificación de corto, mediano y largo plazo; sin nuevas obras de qué hablar, abandonados del poder central, y lo peor es que, si pequeños tramos de la vía Loja-Vilcabamba como es el caso del sector de Cajanuma que lleva ocho años sin poder arreglar y del sector de Nangora y de San Pedro de Vilcabamba que hasta hoy siguen esperando su atención, qué puede esperarse de la reconstrucción de la vialidad provincial en su conjunto.
Lo que llama la atención es la indiferencia y la apatía de la gente, con lo cual el conformismo reina, el retraso de la ciudad y la provincia se acelera, los proyectos de desarrollo brillan por su ausencia y las expectativas de ver una Loja, dinámica, en desarrollo, con proyectos que sean referentes de adelanto y progreso, se eclipsan en el ocaso.
La síntesis: hace falta actuar con responsabilidad, con certezas, con profundo amor a la tierra, con el mejor condumio que se puede extraer del sentimiento de lojanidad, para que todos, en unidad de acción elevar la voz y encarar una lucha altiva, firme y perseverante en pro de recuperar sus legítimos derechos por un presente y futuro de esperanza, alejándonos de ofertas demagógicas, revanchismos y odios para poder encontrar buenos liderazgos capaz de sentirnos orgullosos de su representación y del logro de horizontes comunes pletóricos de aspiraciones elevadas, metas ambiciosas, expectativas grandes, optimistas y esperanzadoras.
Por ello es importantísimo hacer alusión al desempeño formidable de buenos lojanos que entregaron toda su capacidad y ejecutorias en bien de Loja. Me refiero, en esta vez, al doctor Eduardo Mora Moreno, primer alcalde que tuvo Loja. Cuando se posesionó en tan alta dignidad dijo: “…la noble actitud de mis conciudadanos estimula mi acendrado sentimiento de lojanidad, vitaliza mi espíritu para la lucha y me dispone para la acción constructora y perseverante. Se requiere de la unidad ciudadana para librar la batalla decisiva por el progreso y la liberación de Loja. Y digo liberación, porque nuestra ciudad y provincia, no obstante, de haber transcurrido más de un siglo de vida emancipada, aún permanecen en un imperdonable aislamiento, ignoradas por los gobiernos y no han podido integrarse a la unidad nacional. Tenemos que exigir mayor atención para Loja para compartir en planos de igualdad los derechos que le corresponden. Llego a la alcaldía sin cálculos ni ambiciones, sin otro objetivo que el del servicio público. Cuando se trata de cumplir un deber de civismo hay que hacer abstracción de todo lo personal. Las funciones que hoy asumo, me hacen evocar los afanes y desvelos de ayer, la lucha denodada contra los egoísmos”.
