Democracia plena: el camino a la paz y al bien común

Numa P. Maldonado A.

Estimados lectores: Hoy termino este segmento de mi columna de opinión de los días jueves, compuesto de varias entregas dedicadas a resaltar la importancia de la Democracia como forma de gobernar y dirigir un país, remarcando que, a pesar de haber sido validada varios siglos atrás, la consolidación y permanencia de la Democracia en la era Moderna aún debe vencer serios obstáculos. Hay pesimistas, incluso, que creen que la Democracia, en su esencia, puede desaparecer… No hay muchos, pero sí poderosos enemigos de la Democracia que tienen sorprendentemente un significativo número de seguidores que razonan (o mejor, no razonan) a favor de formas de gobierno que atentan contra sus propios intereses…

Recordemos lo dicho: hay dos formas de gobernar: democrática y no democrática. Y, agreguemos que, daba su importancia, se han establecido el 15 de septiembre, como Día Internacional de la Democracia y el Índice de la Democracia (ID). Este último como instrumento evaluativo de las diferentes formas de gobierno que rigen el mundo de hoy.

Y que, lamentablemente, los resultados que arroja este ID son poco alentadores. Veamos:

De una muestra de 167 países, sólo 24 (14,4% de la población) se ha calificado como democracias plenas, y 59 (35,3%) como regímenes autoritarios (dictaduras); el resto: 48 países (28,7%), son democracias deficientes y 36 (21,6%) regímenes híbridos (en tránsito al democrático). El Ecuador califica como régimen híbrido y ocupa el lugar 81/167.  Pero si en el mejor de los casos sumamos las cifras de países con democracias plenas y deficientes (72), el porcentaje llega a 43%: 4 de 10 países son democráticos o casi democráticos y sólo 1,5% tienen democracias plenas: como Canadá, Uruguay y Costa Rica, en América.

Agreguemos dos cosas más: 1) los países con democracias plena son considerados también, coincidencialmente, como los más felices. El Índice Mundial de la Felicidad utiliza seis parámetros: apoyo social, PIB per cápita, esperanza de vida saludable, libertad para tomar decisiones, generosidad y percepción de la corrupción. País más feliz: Finlandia;  país más infeliz: Afganistan); y 2) la Democracia es un gran valor, o mejor, un conjunto de valores con elevado contenido ético y moral, que ha impedido, precisamente por eso, que el mundo sucumba a los malos instintos y ambiciones de poder y riqueza desmedidos.   De ahí que debería incluirse como indispensable asignatura en los tres niveles básicos de educación integral, como guía en cada hogar y en cada organización, pequeña o grande. Y en cada acto individual y colectivo.

En otras palabras, al día de hoy, la Democracia, con todas sus imperfecciones, es el único instrumento que permite fluir el arte y la ciencia de gobernar un país del buen lado humano, garantizando más equidad, solidaridad y libertad. Y, al permitirnos razonar con sentido crítico y participar con sanas y valientes sugerencias,  y acciones, construir una nueva sociedad menos permisiva e indiferente y más comprometida con las nobles causas, que nos conduzca a una Paz duradera, antesala del Bienestar o el Bien Común.