El 22 de junio de 1826 se instaló en Panamá el Congreso Anfictiónico, convocado por Simón Bolívar, con la finalidad de buscar un consenso entre los patriotas que dirigieron las luchas por la Independencia, para constituir un gran Estado federal desde México hasta Argentina. La intervención de Estados Unidos en contra del proyecto de Bolívar fue fatal.
El Dr. Juan Cueva Serrano, profesor de Derecho Internacional, nos manifestaba que Simón Bolívar veía a Estados Unidos como un gran peligro para la soberanía y el desarrollo del resto de América, por eso se propuso impulsar no solo la Gran Colombia sino algo mucho más grande, capaz de frenar las ambiciones yanquis y también las de Europa. Casi con lágrimas en los ojos el Dr. Juanito se lamentaba de que sucedió lo contrario, pues, entre norteamericanos y europeos, especialmente ingleses, lograron dividirnos en más de «20 republiquetas, fáciles de dominar y explotar».
Han pasado 2 siglos desde el intento de Bolívar, durante los cuales los hechos históricos nos han demostrado lo acertado que estaba el Libertador, sin embargo, hemos marchado de espaldas a lo racional, echando leña al fuego, agudizando los conflictos limítrofes, abriendo las puertas para que Europa y EE.UU. saqueen nuestros recursos naturales sin límite alguno. Son dos siglos durante los cuales nuestro oro, nuestra plata, nuestro cobre, nuestro estaño, nuestro caucho, nuestro petróleo han sido extraídos y llevados hacia el Norte, para financiar el desarrollo de las grandes potencias, mientras ellas han hecho y hacen lo necesario para mantenernos en el atraso. La pobreza y la miseria que azotan a gran parte de los habitantes de nuestro continente han sido provocadas por las naciones industrializadas, ante todo EE.UU. e Inglaterra, no obstante, absurdamente, muchos consideran a esas naciones como amigas.
A partir de los años 50 del siglo XX, un tanto imitando a los europeos, la Democracia Cristiana enarboló la bandera de la integración latinoamericana. Los chilenos lideraron la conformación del Pacto Andino, que tomó importantes decisiones para defender el comercio internacional y el avance industrial de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile. Paradójicamente, en 1973 Pinochet dio un golpe de Estado, se puso totalmente al servicio de los intereses yanquis y fueron los mismos chilenos los que desbarataron ese proyecto, porque después la CAN no alcanzó el nivel del Pacto Andino. Ha habido otros proyectos similares como el Mercosur y el Mercado Común Centroamericano, que han avanzado con torturante lentitud.
Un gran proyecto fue la UNASUR, que unió con fuerza a los países de América del Sur, hace 3 lustros, con sede en Quito. Nuevamente intervino EE.UU. para hacernos fracasar. Presidentes dóciles se fueron retirando, entre ellos Lenin Moreno.
Sin embargo, lo mejor que tenemos es la CELAC, que reúne a todos los países de América, menos EE.UU. Tiene una vida corta y llena de altibajos, pero sigue existiendo. Para mantenerse tiene una disposición reglamentaria excepcional: todas las decisiones tienen que tomarse POR UNANIMIDAD. Lo malo es que no hay muchas cuestiones sobre las que coincidan los intereses de tantos y tan variados regímenes.
Que estas palabras sirvan para despertar más interés por el tema y en algo contribuyan a la construcción del Estado Latinoamericano.
