Concejales: no voten por un alcalde, voten por no traicionar a Loja

David Santiago Maldonado Peralta

En Loja ya no se escucha el agua caer. Se escucha el rumor de la indignación, el goteo lento de una paciencia que se agota, y el murmullo de una ciudadanía que ya no cree en discursos, pero aún espera acciones.

La ciudad está sedienta, sí… pero no solo de agua. Está sedienta de verdad, de consecuencia, de autoridad que no se esconda detrás de un escritorio ni se diluya en ruedas de prensa vacías. Sedienta de que alguien, al menos uno, se levante y diga: “Basta, Loja no merece esto.”

Este jueves no se vota por un nombre. Se vota por el respeto que le debemos a esta ciudad de historia inmensa y promesas pospuestas. Porque cuando el pueblo carga baldes, y las autoridades cargan argumentos, algo está al revés.

Al alcalde se le secaron los canales, los de agua y los de liderazgo. Y algunos concejales, que parecían regar flores con elogios hace pocos meses, hoy aparecen con la regadera moral en mano… como si recién descubrieran la sed del pueblo.
No se afirma nada, claro está. Solo se observa con asombro cómo algunas conciencias florecen justo cuando la silla tiembla. Pura coincidencia, seguramente.

Pero Loja observa. Loja recuerda.

A los votantes de este jueves: Si van a mojarse, que sea por el pueblo, no por la lluvia de favores. Si van a sostener su voto, que sea por convicción, no por conveniencia.
Porque el que hoy vote con dignidad, mañana podrá caminar con la frente en alto.
Y el que no… que evite mirar a los ojos de quienes hacen fila a las cinco de la mañana con una botella vacía y una esperanza rota.

Aquí no se está juzgando a un hombre. Se está decidiendo si Loja tiene futuro… o si seguimos llenando baldes y vaciando el alma.

Porque cuando una ciudad tiene sed, no se le ofrece retórica. Se le ofrece respeto. Y se le entrega decisiones que no tengan sabor a cálculo.

Este jueves no se trata del alcalde. Se trata de Loja. De no fallarle otra vez. Y de que quienes juraron servir, por fin, recuerden que están allí para mojarse por su gente… y no para lavarse las manos.