Fernando Oñate
“Antes estábamos mejor”. Probablemente ha escuchado esta frase de boca de abuelos, padres o quizá usted mismo empieza a decirla, y es comprensible pues “la juventud no es lo que era, antes se tenían valores, la economía está cada vez peor”. Aunque algunos lo nieguen, los seres humanos tenemos especial afecto por el pasado, al punto que podemos añorar una pasada edad de oro; y la perspectiva generalizada es que antes estábamos bien, hoy estamos mal y mañana estaremos peor.
Pero ¿realmente esto es así? Las estadísticas muestran lo contrario. Indicadores tales como expectativa de vida, ingresos, empleabilidad, mortalidad infantil y muchos más, presentan una evolución histórica positiva.
Varios estudios han demostrado que, sin importar los orígenes raciales, étnicos, el sexo o la edad, las personas consideran que el número de eventos positivos que experimentan en sus vidas es mayor que los negativos, aunque esto no significa que en realidad se tengan más experiencias positivas, sino que olvidamos (o reprimimos) con mayor facilidad, las experiencias negativas. Adicionalmente, los seres humanos solemos caer en el llamado “bache de la reminiscencia” que nos lleva a recordar de mejor manera los hechos ocurridos entre los 10 y 30 años de edad. El efecto combinado de estos dos factores nos lleva a considerar que toda época pasada fue mejor.
El Señor nos dice: “Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados” (Isaías 43: 18-21 NVI). El Señor siempre está obrando, haciendo algo nuevo para traer bendición para sus hijos. No tiene sentido mirar atrás si, como decía el apóstol Pablo, “cuando alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
¿Y el futuro? Al respecto Jesucristo aconsejaba: “No se afanen por el día de mañana, pues cada día trae su propio afán” (Mateo 6:34), lo que nos corresponde es “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las cosas serán añadidas” (Mateo 6:33), pues el Señor tiene para sus hijos “planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29: 11).
El pasado quedó atrás, no sabemos qué nos deparará el futuro, exprimamos el presente. Este es el mejor de los tiempos, los tiempos que se viven siguiendo a Jesús.
