El baúl de los recuerdos: Breve reseña histórica de la Iglesia De Santo Domingo

Efraín Borrero Espinosa

La Iglesia de Santo Domingo es un importante centro de espiritualidad y devoción para la comunidad católica lojana. Los fieles acudimos para participar en la celebración de la misa y fortalecer nuestra fe. Muchos son hinchas de San Vicente Ferrer porque saben que con su dedo índice alzado hacia el cielo hace muchos milagros, como cuenta la leyenda,   

Siendo ese el propósito fundamental ha sido poco el interés por apreciar el valor artístico que encierra el templo; simplemente nos hemos acostumbrado a la maravillosa sinfonía visual que brinda cada rincón.

Confieso sinceramente que he sido uno de esos fieles, hasta que hace pocos años, con ocasión de un encuentro programado con el Padre Nilo Espinosa en la Iglesia de Santo Domingo, tuve la gran oportunidad de conocer aspectos relevantes de ese patrimonio artístico, que es un testimonio vivo de la rica herencia cultural de nuestra ciudad.

El Padre Espinosa tuvo la gentileza de darse tiempo para indicarme el sitio en el que presumiblemente estaría enterrado Juan de Salinas y Loyola uno de los fundadores de Loja. Luego me habló de Fray Enrique Mideros y su magna obra artística, despertando mi interés por estudiar todo he podido sobre el asunto.

Jonás Mideros Almeida, quien al entrar a la comunidad de los padres dominicos tomó el nombre de Fray Enrique, perteneció a una ilustre familia de artistas natos de San Antonio de Ibarra. Su hermano Víctor ha sido considerado uno de los pintores ecuatorianos más importantes de inicios del siglo XX. Su prestigio trascendió a nivel internacional.

Entre sus otros hermanos, Luis fue un escultor de altísimo nivel artístico cuyas obras decoran importantes sitios públicos del Ecuador; y, Jorge, gran arquitecto y artista creador de decenas de óleos de calidad artística. Se ha dicho con justicia que “el arte majestuoso de los hermanos Mideros se encuentra eternizado en la historia del Ecuador”.

Fray Enrique Mideros perteneció a la comunidad de sacerdotes dominicos en Ecuador, también conocida como la Orden de Predicadores. Fue un reconocido pintor figurativo clásico y escultor. «Inicialmente se dedicó a paisajes e indígenas, pero luego se enfocó en temas bíblicos y religiosos, interpretados con un fuerte componente místico».

Su obra constituye un importante legado en el arte sacro ecuatoriano y está plasmado en una serie de cuadros religiosos y algunas esculturas que embellecen iglesias y conventos dominicos en Quito, Cuenca, Ibarra, Latacunga y Ambato; así como en la Basílica de la Virgen de Agua Santa de Baños.

Su sobrino José Antonio Mideros Vaca, dedicado a investigar la genealogía familiar, cuenta que en 1928 la comunidad dominica le pidió a Fray Enrique Mideros que venga a Loja para decorar con sus pinturas el convento y el templo dominico, cuya tarea realizó durante dos años de gran dedicación. La información se complementa con la consignada en la Monografía de la Diócesis de Loja, en la que se asegura que el seis de febrero de ese año se dio comienzo a la pintura y decorados de la iglesia, para cuyo efecto vinieron desde Cuenca el señor Juan Bautista Parra y diez discípulos suyos. Se hace notorio que

“todos los detalles de estos trabajos constan en un informe presentado a la Venerable Consulta Provincial por el Prior Ceslao M. Moreno al término de su período”.

Según el eminente sacerdote Carlos Eguiguren Riofrío, en los trabajos de reconstrucción y restauración de la Iglesia Catedral, que fueron necesarios luego del fortísimo temblor del diecinueve de julio de 1927, Juan Bautista Parra también dirigió los trabajos de pintura de ese templo.

José Carlos Arias Álvarez, Jefe de Archivo Histórico Municipal, que es un entendido en la materia porque entre otras carreras estudió Historia del Arte en la Universidad Pontificia de Salamanca, ofrece entregar a la colectividad estudiosa un libro dedicado a analizar en profundidad la iconografía religiosa de Santo Domingo y otros conventos de la ciudad, con lo cual será posible conocer las características y especificaciones de esas obras artísticas.

Manifiesta que en el templo de Santo Domingo se conservan alrededor de cien pinturas murales y frescos de Fray Enrique Mideros, considerado una de las figuras clave de la pintura religiosa en el Ecuador. Además, se custodian cincuenta esculturas, muchas de ellas piezas únicas del arte sacro colonial y republicano. La mayoría de sus murales y esculturas representan a Santo Domingo de Guzmán y episodios históricos de los dominicos en la región.

Desde que se ingresa a la iglesia es posible observar al fondo un enorme mural de la Virgen María al que han llamado el «Sueño de Domingo», en cuyo manto se cobija gran cantidad de religiosos dominicos. Es una representación similar a la iconografía de la Virgen de la Misericordia que se exhibe en museos de Europa, destacando su papel como protectora.

En el retablo se encuentra la Virgen del Rosario que se dice fue traída desde Sevilla en el año de 1550, posibilidad cercana a la realidad porque como señala Alfonso Anda Aguirre, “a los dominicos les cabe la gloria de haber sido quienes acompañaron a Mercadillo en la fundación de La Zarza y luego en el traslado al sitio actual con el nombre de Loja, siendo la primera comunidad establecida en estas regiones”.

Evidentemente que la maravillosa colección de arte sacro convierte a la Iglesia de Santo Domingo en una especie de museo viviente y en un monumento emblemático de la ciudad de Loja por la fusión con la arquitectura exterior.

Construido con ladrillo visto se eleva con sus dos torres, en medio de las cuales se encuentra la estatua de Santo Domingo de Guzmán, a quien le debe su nombre. Un sacerdote dominico me dijo orgullosamente que toda la iglesia es una obra de arte, haciendo hincapié en los elementos tanto del estilo barroco como del renacentista, que es la característica de la arquitectura colonial ecuatoriana.

Pero es claro entender que la iglesia no siempre fue así y que se ha transformando desde que los dominicos vinieron con la fundación de Loja. Inicialmente era una choza de bareque, un material de construcción hecho de cañas y palos unidos con una mezcla de barro y paja, como todas las casas que había en aquel tiempo.

En un oficio que la Comunidad Dominicana de Loja dirigió al Director Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el 24 de mayo de 1973, con el propósito de lograr que esa institución contribuyera a la realización de trabajos de conservación, se hace una relación histórica resaltando que “a partir de 1557 se construyó la Iglesia de Santo Domingo de Loja y Convento de norte a sur, que es lo que existe hasta ahora al fondo de  la moderna construcción con el nombre de Capilla de Nuestra Señora del Rosario, y que en realidad fue la Capilla Mayor de la iglesia colonial”.

El distinguido sacerdote Francisco J. Riofrío, mencionado en la Monografía citada, publicó un documento en el que expresa: “Establecida la Cofradía del Santísimo Rosario en la ciudad de Loja, los Mayordomos y Caballeros Veinte y Cuatro, se esforzaron por dotar a la ciudad de una Capilla propia y adecuada para la época. Se conjetura que en el año de 1600 quedó ya terminada la construcción de dicha Capilla; pero la solemne inauguración se llevó a cabo después de más de un siglo de construida”.

En el contexto de los dominicos, los «Caballeros Veinticuatro» era una congregación laica asociada a la orden, a menudo pertenecientes a la nobleza.   Su función principal, como ocurría en España, era acompañar a los reos, especialmente a los presos pobres, en sus últimos momentos.  

Así surgieron el convento e iglesia de Santo Domingo. Fray Agustín Ramírez, Prior del Convento, informaba el 17 de junio de 1605 que “las celdas y claustros estaban repartidos. El templo se estaba restaurando y reedificando por estar las paredes hendidas, con gran riesgo. El coro estaba por acabarse, el arco toral por hacerse y el campanario y torre se iban reparando para que no se caigan”.

A lo largo de tiempo se han dado algunas reconstrucciones, modificaciones y transformaciones tanto en la iglesia como en el convento. Contando con el sustento de una secuencia fotográfica es posible establecer que en 1890 la pequeña iglesia de tapia y adobe tiene un techo de teja con caídas hacia cada costado. En el extremo derecho hay una modesta torre de adobe con techo de teja donde seguramente estaba el campanario. En el terreno frontal no había parque; simplemente se observa un campo abierto.

Años después la fachada de la iglesia fue reconstruida con ladrillo visto. En la parte superior derecha se observa el campanario. Aún no se había construido las torres frontales con remates góticos, pero el parque ya tenía presencia como tal.

Para 1940 ya se había construido la torre sur. Al centro está la estatua de Santo Domingo de Guzmán, y el campanario se mantenía igual en la parte superior norte.  

En 1982 la torre norte fue replicada similar a la torre sur, por un excelente maestro artesano quiteño de nombre Carlos. Los trabajos fueron con materiales de  hierro.  Daniel Mahuad Ortega lo recuerda perfectamente porque en esta ciudad realizó algunos trabajos de domos o cúpulas en casas de la ciudad, una de las cuales fue la suya.

Fue necesario que transcurran muchos años para que la Iglesia de Santo Domingo se muestre como hoy la conocemos. Los trabajos de adecentamiento integral del parque han sido varios y el monumento a Manuel Carrión Pinzano fue sustituido en el año 2018 por una estatua de cuerpo entero con nueva representación. Gracias al empeño de José Carlos Arias el anterior busto ha sido preservado y está listo para ser colocado en el patio interior del Centro de Convenciones San Juan de Dios, donde funciona el Archivo Histórico Municipal.   

La iglesia de Santo Domingo de Guzmán, ubicada en el corazón de la ciudad, también guarda afectos especiales para algunas familias, porque las cenizas de sus allegados reposan en las criptas ubicadas tras la Capilla de la Virgen del Rosario, como es el caso del ilustre lojano Rogelio Valdivieso Eguiguren y su compañera inseparable, amor inefable y digna esposa, María Esther Eguiguren Eguiguren, porque esa fue su voluntad, ya que en ese templo contrajeron matrimonio el veinte de diciembre de 1952, “donde todo comenzó”.