Numa P. Maldonado A.
Recuerdo que años atrás, cuando me encontraba al mediodía de una soleada mañana
conversando con un amigo, en una esquina de una importante calle de la ciudad de Loja, de pronto pararon dos vehículos particulares frente a nosotros, al borde de la esquina y de ellos se bajaron dos hombres y sin más se trenzaron en una pelea a golpes de puño limpio, ante el asombre de los espectadores. Por suerte un señor alto, al parecer extranjero, se acercó a ellos y los separó, y logró que retornaran a sus vehículos y se marcharan. En el interior de cada vehículo iban una mujer y varios niños…
En estos días el noticiero nacional difunde un video con la violenta pelea callejera de dos estudiantes mujeres con uniforme del mismo establecimiento educativo, donde una de ellas maltrata cruelmente a la otra, arrastrándola por el suelo del cabello y propinándole golpes de puño en el rostro, ante la mirada indiferente y cómplice del resto de compañeras…
Y, por último (a guisa de tercer ejemplo), ciertos medios de comunicación, también en estos días, se explayan difundiendo el maltrato en palabra y en actitudes, en buena hora impedidas, de una autoridad local contra los reclamos de un representante parroquial; noticia que tiene desde luego muchos sesgos de carácter politiquero…
Lo expuesto brevemente son sin duda hechos de violencia “leve” de diferente índole que ocurren, eso sí, con mucha frecuencia o cotidianamente. Lo que ratifica que este fenómeno social tan antiguo y complejo, con múltiples causas (sociales, culturales, psicológicas, biológicos, ambientales…) y tipos, sigue vigente a lo largo de la historia y forma parte de nuestra vida, porque lo hemos permitido. Forma parte, lamentablemente, de nuestra cultura colectiva. Y de vez en cuando emerge a nivel nacional, regional o global, con características tan graves que ponen en riesgo no sólo la existencia pacífica entre connacionales y pueblos vecinos, sino incluso la existencia de gran parte de la vida sobre la Tierra, que nos incluye.
Un ejemplo muy triste y conmovedor es la violencia causada por las pandillas que devastan Haiti, paradógicamente la primera república negra independiente y la segunda nación libre de América, después de Estados Unidos (se independizó en 1804). Según reportes de la ONU de este mes “Haití se encuentra al borde del colapso total del Estado ante el rápido avance del control territorial de las pandillas y la parálisis institucional en la capital, Puerto Príncipe (…); la violencia de las pandillas afecta a todas las comunidades de la zona metropolitana de la capital y otras regiones del país ”: sólo en el primer semestre de 2025 hay más de 4000 asesinatos y ante la debilidad institucional se forman más grupos de autodefensa que han ejecutado, en el último trimestre, al menos 101 personas sospechosas de colaborar con pandillas; la violencia nacional ha generado más de 1,3 millones de desplazados internos… Esta penosa situación de Haití dura muchos años y seguirá igual sino existe la solidaridad internacional y sólo los llamados de la ONU para “no dejar sólo a Haití”, que, según los entendidos, en mano de las pandillas, es también un paso lícito de la droga a los EUA…
